MADRID, España, mayo 4, 2003.- Antes de partir rumbo a Roma, el Papa recibió a los reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, en la Nunciatura Apostólica en Madrid, con los que mantuvo una conversación a puerta cerrada que se desarrolló en ambiente "cordial", indicaron fuentes allegadas.
Los reyes llegaron a la legación del Vaticano sobre las 17:00 horas locales y se entrevistaron en privado durante varios minutos con el Pontífice, con el que mantuvieron una conversación en un ambiente "cordial y próximo", se informó, sin dar mayores detalles.
El Santo Padre regaló a los reyes un cuadro con la imagen de la Virgen del Rosario de Pompeya en coral, custodiada por dos ángeles en el mismo material y montada sobre plata. Los soberanos españoles le obsequiaron una réplica del Libro de las Horas de Zúñiga, que data del siglo XVI y cuyo original se encuentra en la Biblioteca del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, a unos
40 kilómetros al noroeste de Madrid.
Los reyes tienen previsto colocar el regalo papal en la ermita del Palacio de la Zarzuela, la residencia de los soberanos españoles.
Poco después, el príncipe Felipe, heredero de la corona española, y sus hermanas, las infantas Elena y Cristina, acompañadas por sus maridos, Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarín, respectivamente, también se acercaron a saludar al Pontífice.
La infanta Cristina y su esposo, duques de Palma de Mallorca, acudieron a la cita con sus tres hijos: Juan, Pablo y Miguel, y también estuvieron presentes en la audiencia papal las hermanas del rey Juan Carlos, las infantas Margarita y Pilar de Borbón.
Tras la audiencia a la familia real española, el Santo Padre se trasladó en el Papamóvil al aeropuerto de Madrid, para retornar a Roma.
A la salida de la Nunciatura Apostólica, cientos de peregrinos vitorearon al Papa ondeando cintas blancas y amarillas, los colores del Vaticano, y coreando lemas como "Sí, sí, sí, el Papa está en Madrid", "Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo" o "Quédate".
Mientras, en el aeropuerto de Madrid, a 13 kilómetros de la capital, otros cientos de fieles se concentraron desde primera hora de la tarde para despedir al Papa al final de su quinta visita a España, durante la cual canonizó este domingo a cinco nuevos santos españoles.
CANONIZA SU SANTIDAD A CINCO BEATOS ESPAÑOLES
El Papa Juan Pablo II proclamó santos a cinco beatos españoles del siglo XX, tres mujeres y dos hombres, durante una ceremonia celebrada este domingo en la madrileña Plaza de Colón, en presencia de un millón de fieles, según fuentes eclesiásticas.
Sor Ángela de la Cruz, la carmelita madre Maravillas de Jesús, la monja Genoveva Torres Morales y los sacerdotes Pedro Poveda y José María Rubio fueron convertidos en santos, en una mañana de sol radiante y cielo celeste.
Con un cerrado aplauso y miles de personas de pie, los fieles celebraron la proclamación de Juan Pablo II, ubicado en un estrado de 95 metros cuadrados a un costado de la Plaza de Colón y en medio del conocido Paseo de la Castellana.
De esta forma, el Sumo Pontífice, que se desplazó en todo momento por medios mecánicos, cumplió el acto central del segundo y último día de su quinta visita a España desde 1978, siendo vitoreado en varias ocasiones por una multitud ordenada y en calma.
La misa de canonización presidida por el Sumo Pontífice, que duró casi tres horas, se desarrolló al aire libre en presencia de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, del presidente del Gobierno español, José María Aznar, de los responsables de las más altas instancias del Estado español y de la jerarquía de la Iglesia católica española en pleno.
Durante su homilía, el Papa, que cumplirá 83 años el 18 de mayo próximo, abogó por que en España sigan "floreciendo nuevos santos" pero dijo que para ello es necesario que la comunidad eclesial mantenga su fidelidad al Evangelio y la familia permanezca unida.
Con un saludo "respetuoso y deferente", el Papa agradeció la presencia de los soberanos españoles, las palabras del cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y a las congregaciones e institutos vinculados con los nuevos santos. También agradeció la presencia de las "autoridades civiles".
Decenas de cardenales, obispos y arzobispos de España y cientos de sacerdotes, asistieron al oficio religioso, concelebrado por 300 cardenales, obispos, eclesiásticos del séquito papal y sacerdotes de todas las diócesis españolas.
Durante su eucaristía, el Papa utilizó un cáliz original del siglo XVIII.
Unos mil 800 sacerdotes dieron la comunión al concluir la ceremonia, para la cual se utilizaron, además, 26 microbuses que circulaban en distintos puntos de la concentración.
Tras un "adiós España, adiós ciudad de Madrid", el Papa dio su bendición final a los presentes.
En medio de un importante despliegue de seguridad, conformado por más de 5 mil agentes y 10 mil voluntarios, Juan Pablo II había llegado al céntrico sector de la Plaza de Colón a bordo del Papamóvil, pasadas las 9:30 horas locales.
A lo largo de casi un kilómetro en el Paseo de la Castellana, se instalaron 10 pantallas gigantes y altoparlantes para que los fieles pudieran seguir la ceremonia, en la que predominó la música sacra, y se celebró desde un gigantesco estrado de 95 metros cuadrados. Se colocaron unas 35 mil sillas para invitados especiales.
Después de concluir la ceremonia, el Papa mantuvo una breve audiencia con el líder de la oposición socialista española, José Luis Rodríguez Zapatero, en una sacristía levantada junto al altar.
Zapatero, candidato de su partido a la jefatura del Gobierno en los comicios generales de 2004 en España, obsequió a Juan Pablo II una obra del fallecido escultor vasco Eduardo Chillida.