COMPRAS Adquiere el libro ‘Juan Pablo II. El Papa que traspasa fronteras’, de Mijail Gorbachov y Lech Walesa CIUDAD DEL VATICANO, Vaticano, oct. 21, 2003.- El nuevo Colegio Cardenalicio "refleja la multiplicidad de razas y culturas que caracterizan al pueblo cristiano", dijo este martes Juan Pablo II en la homilía en la que creó 31 nuevos cardenales, uno de ellos secreto.
De los nuevos cardenales, 18 son europeos, tres latinoamericanos, dos norteamericanos, tres africanos, tres asiáticos y uno de Oceanía.
Los iberoamericanos son el mexicano Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Rodolfo Quezada Toruño, arzobispo de Ciudad de Guatemala y Eusebio Oscar Scheid, arzobispo de Río de Janeiro.
En la ceremonia celebrada en el sagrario de la Basílica de San Pedro, Juan Pablo II pronunció con voz cansada la fórmula inicial en latín comprensible, aunque el resto de la homilía fue leída en su nombre por el secretario de Estado, Leonardo Sandri.
"El actual encuentro constituye un ulterior momento de gracia en estos días particularmente densos de eventos eclesiásticos", dijo el Papa en su mensaje a los nuevos cardenales, en una celebración a la que asistieron miles de fieles y turistas.
Agregó que "en el curso del presente Consistorio tengo la alegría de imponer el birrete (boina) cardenalicio a 30 beneméritos eclesiásticos, reservando 'in pectore` (nombre secreto de otro)", dijo al inicio de la homilía.
Karol Wojtyla lució visiblemente fatigado tras una intensa semana de compromisos: desde los festejos por los 25 años de su Pontificado, a la beatificación, el domingo pasado, de la Madre Teresa de Calcuta.
Indicó que algunos nuevos cardenales "son cercanos colaboradores en la Curia Romana; otros desarrollan su ministerio en iglesias de antigua tradición o reciente fundación y otros más se distinguen en el estudio y defensa de la doctrina católica y el diálogo ecuménico".
"En esta plaza, como fue oportunamente subrayado, resplandece ahora la Iglesia de Cristo antigua y siempre nueva, recogida alrededor del sucesor de Pedro", señaló.
Juan Pablo II recordó que el color púrpura del hábito cardenalicio "evoca el color de la sangre y recuerda el heroísmo de los mártires".
Es "el símbolo de un amor por Jesús y por su Iglesia que no conoce límites: amor hasta el sacrificio de la vida", dijo.
El solemne rito incluyó el desfile de cada uno de los nuevos cardenales, que se arrodilló ante el Pontífice y juró en sus manos la fidelidad a la Iglesia "usque ad sanguinis effusionem", hasta el derramamiento de sangre.
Así como un desfile en sus hábitos solemnes de cardenales de anterior creación, patriarcas, arzobispos, obispos, diáconos y altos prelados de la curia romana.
A los nuevos purpurados, Juan Pablo II les impuso la birreta y entregó la "bula", signo de la dignidad cardenalicia, pero también de una vida entera dedicada al servicio de Cristo hasta llegar, si es necesario, al martirio.
“PREDICAR CON LA PALABRA Y EL EJEMPLO” En la homilía leída por Sandri, el Papa recordó a los nuevos cardenales que deben predicar con la palabra y con el ejemplo.
Dijo que deben volverse "humildes y desinteresados, escapando de toda tentación de carrera y de beneficio personal".
Aunque los 30 cardenales desfilaron ante el Papa, el purpurado secreto no estuvo en el sagrario, pues su identidad sólo es conocida por Juan Pablo II.
Los vaticanistas consideran que el cardenal "in pectore" es miembro de alguna Iglesia perseguida o en dificultad y que podría ser de nacionalidad china.
El Pontífice destacó que los nuevos cardenales provienen de los cinco continentes (de 17 países), de diferentes razas y culturas, y que resaltan la unidad de toda la grey de Cristo con la Cátedra del Obispo de Roma.
Cuatro de los nuevos cardenales son mayores de 80 años, por lo que no podrán participar en la elección del nuevo Papa.
A nombre de los nuevos cardenales, al francés Jean Louis Tauran, que hasta hace unas semanas era secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano, le tocó dirigir un discurso de agradecimiento al Papa.
El rito, celebrado en una plaza de San Pedro bellamente adornada con miles de flores rojas, amarillas y ramos multicolores, concluyó con el intercambio del beso de la paz. Mañana, en una misa solemne, el Papa les entregará el anillo, el otro signo del cardenalato.
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