GUAYAQUIL, Ecuador, dic. 16, 2003.- Varias reclusas cosieron este martes sus labios, abrieron sus venas, y se crucificaron para exigir su liberación, manteniendo a dos rehenes en la cárcel de esta ciudad. "Estoy secuestrada aquí, yo exijo mi libertad inmediatamente", demandó María Suárez, una de las 79 mujeres que afirman estar detenidas más de un año sin sentencia, pidiendo la aplicación de la ley de rebaja de penas.
Según la ley, ninguna persona puede permanecer en prisión por más de un año, sin haber sido sentenciada.
Suárez, detenida por narcotráfico, delante de la prensa hundió una jeringa en una de las venas de su mano derecha, dejándola sangrar.
"Yo presa no me quedo, prefiero morir buscando la libertad", indicó otra de las reclusas, que no quiso identificarse.
Tres reclusas se dejaron coser sus labios, y otras dos, una de ellas brasileña, ataron sus brazos en dos maderos en forma de cruz, bajando luego de recibir la visita de Alberto Merchán, gobernador de la provincia del Guayas, cuya capital es Guayaquil.
Merchán se ofreció a revisar inmediatamente los casos.
"Decidí bajar confiando en la palabra del gobernador", dijo Angela Procel, la ecuatoriana que bajó de la cruz.
La brasileña, hablando apenas español, y sin identificarse, precisó estar "más de un año y un mes" encarcelada y explicó que otra de las internas permanecía por dos años detenida ilegalmente.
En tanto, los dos rehenes, Héctor Chávez, y Fernando Rendón, decano y catedrático respectivamente de la Facultad de Comunicación Social de esta ciudad, 270 kilómetros al suroeste de Quito, permanecían encerrados en una de las celdas, retenidos por las prisioneras.
"Nosotros llegamos aquí a la tarde del lunes atendiendo una invitación de las prisioneras, pero luego de la comida nos dijeron que íbamos a permanecer aquí", dijo Chávez.
Gladys Yunga, vocera de las detenidas, aseguró que se liberaría a los dos retenidos "cuando comencemos a salir en libertad".
En la cárcel del Litoral, la más populosa del país, se encuentran detenidas más de 300 reclusas.