CIUDAD DEL VATICANO, Vaticano, dic. 31, 2003.- El Papa rezó hoy por la extensión de la paz en el mundo y tuvo una mención especial para la familia y los jóvenes durante la misa que cerró su agenda de actos en 2003. Juan Pablo II ofició esta tarde en la Basílica de San Pedro un "Te Deum" de acción de gracias por el año que hoy termina, una tradición que inició Pablo VI y que el actual Obispo de Roma ha mantenido.
En su homilía, que leyó íntegramente, el Papa aseguró que los católicos deben dar gracias a Dios por los "innumerables beneficios concedidos" en el año culminado y, con vistas a 2004, invocó "la maternal protección de la Virgen María", a la que pidió que "guíe nuestro camino como reina de la paz", de modo que la favorezca en todo el mundo.
Con aspecto cansado pero voz inteligible, el Pontífice aludió a algunos de los temas que en él son recurrentes, como la familia, la juventud y la vocación pastoral.
"Que la familia pueda responder cada vez más plenamente al proyecto que Dios tiene para ella desde siempre", dijo Wojtyla, quien también reclamó el compromiso pastoral en favor de esa institución y también de los más jóvenes.
En estos días que van desde la Navidad hasta el final de año "se cruzan con particular elocuencia el ritmo cósmico y la historia de la salvación. Es como si la eternidad de Dios viniera a visitar el tiempo del hombre. Lo eterno se hace así instante presente, para que el cíclico repetirse de los días y los años no termine en el vacío de lo que no tiene sentido".
Una amplia representación de la Curia vaticana acompañó a Juan Pablo II en esa misa de "Te Deum", que puso final a su agenda de actividades pastorales desarrollada a lo largo de 2003.
El 1 de enero, día que corresponde con la Jornada Mundial de la Paz, el Pontífice abrirá su agenda de actividades de 2004 con su presencia en la Misa solemne en la Basílica de San Pedro, a la que seguirá el Angelus a mediodía.
Este año, sin embargo, no mantendrá la tradición de consagrar a nuevos obispos el 6 de enero ni unos días más tarde bautizará personalmente a varios recién nacidos, porque sus colaboradores han decidido limitar los actos para no fatigarle en exceso.
Por eso la misa del primer día del año no será oficiada por Juan Pablo II, sino que será concelebrada por el secretario de Estado vaticano, cardenal Angelo Sodano y otros representantes de la Curia de la Santa Sede.