BOCA RATON, Estados Unidos, feb. 4, 2004.- El reciente leve fortalecimiento del dólar frente al euro ha calmado ligeramente a las autoridades europeas, pero el panorama cambiario será el plato fuerte de la reunión de los ministros de Economía del G7 de esta semana. Los ministros del Grupo de los Siete (G7), que integran Alemania, Canadá, EU, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón, se reunirán en Boca Raton, al norte de Miami, el viernes y sábado próximos.
Mientras los ministros europeos quieren hacer hincapié en los riesgos de un dólar débil y un euro revalorizado, a Estados Unidos no parece preocuparle la caída de su moneda y quiere que el debate gire en torno a las medidas para estimular el crecimiento mundial.
La moneda única europea se ha revalorizado cerca de un 20% desde enero de 2003, y las autoridades políticas y económicas europeas han mostrado su preocupación por los efectos negativos que esto puede tener en sus exportaciones y, por lo tanto, en las economías de la zona que comparte el euro.
Pero a pesar de la polémica pérdida de valor del "billete verde", John Taylor, subsecretario del Departamento del Tesoro, ha insistido en que lo prioritario es acelerar el crecimiento económico mundial.
Y es que a pesar de la inquietud de los europeos por la fortaleza del euro, Washington no ha impedido que su divisa ceda terreno frente a la mayoría de las monedas mundiales, incluido el yen japonés.
Para Kevin Harris, economista jefe de la empresa Informa Global Markets, la misma agenda de la reunión es de por sí controvertida por la diferencia de prioridades entre los europeos y EU.
En la opinión de John Lonski, economista jefe de Moody's Investor Services, los datos del desempleo en enero en EU, que se darán a conocer el viernes, podrían determinar, en última instancia, las prioridades de los temas que se discutirán en Boca Raton.
"Si los datos del desempleo revelan que el mercado laboral sigue débil, el dólar podría depreciarse una vez más" y por lo tanto las tasas de intercambio de divisas dominarán la reunión, dijo Lonski, aunque reconoció que EU prefiere hablar de crecimiento económico.
Harris explicó que el Gobierno del presidente George W. Bush cree que la solución a una excesiva fortaleza del euro no está en Estados Unidos, sino en las políticas económicas de los propios europeos.
En pocas palabras, lo que Washington quiere, dijo el economista de Informa, es que Europa siga el ejemplo estadounidense: que el Banco Central Europeo (BCE) baje los intereses interbancarios y que los Gobiernos europeos promuevan políticas de crecimiento económico.
"Si realmente los europeos creen que la debilidad del dólar afecta su crecimiento económico", afirmó Lonski, la delegación estadounidense les dirá que "la forma más rápida de revertir la tendencia del euro es bajando los intereses".
En parte, añadió Harris, el creciente déficit estadounidense implica que otros países no están haciendo lo suficiente para potenciar el crecimiento, dejando que sea EU quien lidere el estímulo económico mundial.
Lonski respaldó este punto de vista y recalcó que Estados Unidos quizás no tendría que haber reducido sus impuestos y recurrido a un déficit tan grande si otras economías estuvieran creciendo, aunque aseguró que el déficit de momento no ha tenido efectos negativos en la primera economía mundial.
El resultado de la reunión podría ser favorable a los europeos si los ministros del G7 concluyen que quizás la debilidad del dólar a corto plazo podría llegar a afectar negativamente a EU, dijo Lonski, aunque opinó que seguramente ese no sería el caso.
Para Harris, la reunión podría acabar en una declaración "de buenos propósitos" si ninguno de los participantes cede en sus posiciones.
Ahora, si los europeos ceden a las demandas estadounidenses y el Banco Central Europeo se compromete a bajar sus intereses a corto plazo, la política de EU podría cambiar paulatinamente.
Estados Unidos no ofrecería un apoyo inmediato al dólar, explicó Harris, pero quizás dejaría de aceptar indulgentemente su caída.
A la reunión se espera que asista una delegación iraquí para conversar sobre la economía de su país, antes de viajar a Washington para reunirse con el Fondo Monetario Internacional.