PUERTO PRÍNCIPE, Haití, feb. 18. 2004.- Las balas no son las únicas que matan a los haitianos, también los mata el hambre. En Gonaives, dominan los rebeldes armados que se oponen al presidente Jean Bertrand Aristide, allí los estómagos están más vacíos que las cubetas que se alzan para recibir al fin la ayuda alimentaria.
Y es que desde hace dos semanas, la gente está aislada por los retenes tanto de guerrilleros como de policías, unos recorren las calles, otros recorren el cielo.
Pero en Haití las amenazas vuelan en viaje redondo, Jean Guillau, el máximo líder de la oposición armada del norte, en la bolsa de su pantalón, como medallas de guerra guarda las identificaciones de los policías a los que ha masacrado, apila las credenciales, pero apila también los cadáveres.