TAIPEI, Taiwán, feb. 28, 2004.- Un millón de taiwaneses formaron este sábado, una cadena humana que a lo largo de 486 kilómetros expresó su rechazo a los 500 misiles que desde China apuntan a la isla y su deseo de proteger la soberanía de Taiwán. La concentración dio comienzo en Hopingtao (Isla de la Paz), al norte de la isla, cuando el presidente taiwanés, Chen Shui-bian, unió sus manos con las del ex presidente Lee Teng-hui, mientras arreciaban los gritos de "Taiwán si, China no".
El gesto de ambos políticos fue la señal de un multitudinario enlace que se extendió hasta Changlung (Prosperidad), en el extremo sur de la isla, y que coincidió con el aniversario de la muerte de miles de taiwaneses a manos de las tropas nacionalistas chinas que sofocaron la revuelta del 28 de febrero de 1947.
En su alocución, Chen señaló que los taiwaneses quieren la paz y no la guerra e instó a China a retirar los 500 misiles que apuntan a Taiwán, a los que calificó como una amenaza a la paz de toda la región del Pacífico Asiático.
"Esta cadena humana de un millón de personas constituye un hito histórico y expresa confianza en Taiwán y el deseo de proteger la soberanía, la paz, la democracia y la prosperidad", dijo Chen.
El mandatario declaró que la cadena es una "Gran Muralla democrática con el siguiente mensaje al mundo: amamos Taiwán y queremos la paz".
Por su parte, los organizadores de la iniciativa indicaron que la "cadena humana quiere recordar el pasado y mirar con optimismo hacia el futuro, queremos la paz, no la guerra, y reafirmamos el derecho a decidir nuestro futuro".
Los organizadores del evento se inspiraron en la cadena humana que en 1989 enlazó a unos dos millones de personas entre Latvia (Letonia), Estonia y Lituania para pedir la independencia de la Unión Soviética.
El acto fue además una demostración de fuerza de Chen, a su vez el líder del Partido Demócrata Progresista, que el próximo 20 de marzo se enfrenta a un doble desafío: ser reelegido como presidente del país y salir fortalecido del referéndum defensivo convocado para el mismo día.
La consulta planteará a los taiwaneses si desean que el Gobierno incremente su potencial armamentístico para defender la isla de la amenaza militar china y si quieren establecer un marco de diálogo con el país comunista destinado a estabilizar la zona.
China, que califica a Taiwán de "provincia rebelde" y boicotea sus intentos de formar parte del orden internacional, teme que la consulta sea el primer paso hacía la independencia de la isla, y ya la ha calificado de "provocación".
El referéndum tampoco agrada a Estados Unidos y también ha sido rechazado por varios países de la Unión Europea, en especial Francia, que considera que no servirá para desarrollar un clima de paz a ambos lados del estrecho de Taiwán.
El Partido Kuomintang y el Partido Pueblo Primero, coaligados en la Alianza Opositora, creen que el referéndum es una estrategia de Chen para ganar apoyo electoral, aunque prometieron que no lo boicotearán.
Según una reciente encuesta efectuada por el influyente rotativo United Daily News, Lien Chan, el presidente del Partido Kuomintang y principal candidato opositor, acapara la intención de voto con un cuarenta por ciento, frente al 37 por ciento de Chen.
Durante los comicios, las Fuerzas Armadas de Taiwán permanecerán en estado de alerta para evitar interferencias militares chinas, lo que supondrá que el Ejercito actuará en caso de producirse ataques desde el continente y otro tipo de incidentes.