BAGDAD, Irak, mar. 3, 2004.- El centro de Bagdad se mantiene en una calma tensa mientras los primeros funerales por las víctimas recorren las calles que rodean el santuario chiíta de Al Kadamiya, donde ayer perecieron 70 personas por el estallido de varias explosiones. Al menos 185 personas murieron ayer en la jornada más sangrienta en Irak desde el derrocamiento del régimen de Saddam Husfein, pues a los muertos de Bagdad hay que sumar los 115 fieles chiítas que perecieron en un atentado similar en la ciudad santa de Kerbala.
"Aprendan de las lecciones del Imam Husein y sigan sus enseñanzas", se podía leer en las pancartas de la manifestación que, a las doce de esta mañana, congregó a miles de chiítas en este mausoleo de Bagdad.
Los seguidores del dirigente chiíta más radical, Muqtada Sadr, hicieron causa común con el resto de los ayatolas y mullahs iraquíes.
"Estamos en contra de estos actos criminales de Bagdad y Kerbala", gritaban a voz en pecho los manifestantes fieles a Sadr.
El máximo líder religioso de los chiítas, al ayatola Ali Sistani, ha criticado a la coalición encabezada por Estados Unidos por no ofrecer suficientes garantías de seguridad y preocuparse únicamente de su autoprotección, aunque ha pedido a los iraquíes que permanezcan en calma.
Todos los demás dirigentes chiítas han hecho llamados similares a la tranquilidad, mientras Irak se dispone a guardar tres días de luto oficial después de los ataques, que según fuentes oficiales iban destinados a provocar un enfrentamiento civil.
POSPONEN FIRMA DE CONSTITUCIÓN
El Consejo de Gobierno Iraquí ha pospuesto la firma de la Constitución provisional, prevista para hoy, hasta después de estas jornadas de duelo.
El acuerdo logrado de forma unánime por los diferentes partidos y grupos étnicos y religiosos es una pieza clave de la administración estadounidense en sus planes para la devolución de la soberanía a los iraquíes el próximo 30 de junio.
La animadversión contra los extranjeros era hoy más palpable que nunca en Bagdad. "Hemos pillado a un sirio que llevaba dos granadas de mano. Lo hemos matado y cortado su cuerpo en diez pedazos", relataba exaltado a EFE un miliciano chiíta que guardaba la entrada al barrio donde se halla la mezquita de Al Kadhamain y en la que están enterrados dos de los doce imames venerados por los chiítas.
"También hemos parado un coche de policía que tenía el maletero lleno de TNT", y que iba conducido por un jordano, según otro de los vigilantes de la Organización Báder, brazo armado de la Asamblea Suprema para la Revolución Islámica en Irak, uno de los principales partidos chiítas.
"La culpa de todo es de los americanos. Son aliados de los wahabíes (suníes radicales) y de los baazistas" (fieles al régimen de Saddam Hussein), aseguró el mulá Mohamed Alí, un jeque iraní que acaba de llegar a Bagdad y que no duda en echar la culpa de las muertes de sus compatriotas al "Gran Satán".
Al menos 22 iraníes perecieron en los atentados de ayer.
"Están tratando de acabar con nosotros, los chiítas, en todo el mundo", dijo el clérigo, en referencia a los atentados contra chiítas que se produjeron ayer no solo en Irak, sino también en la ciudad paquistaní de Quetta, y que en ese caso dejaron 47 muertos.
Acabada la manifestación de los seguidores de Muqtada, entre llantos y los rituales de sacrificio propios de estos días de dolor, varios cientos de personas acompañaron los cortejos fúnebres, que no pudieron entrar al templo por motivos de seguridad.
El mausoleo de Al Kadamiya amaneció hoy cerrado a cal y canto. Sólo una vez en toda la historia se había clausurado antes el templo: El día siguiente a la caída de Saddam.