CIUDAD DEL VATICANO, Vaticano, abr. 9, 2004.- El Papa Juan Pablo II escuchó las confesiones de 11 fieles, el Viernes Santo, en la Basílica de San Pedro, manteniendo una tradición de Semana Santa en momentos en que existen preocupaciones por la seguridad en Roma, colmada de turistas. El frágil pontífice de 83 años fue llevado hacia la basílica y a la cabina confesional cercana al altar principal por sus ayudantes. Estuvo allí cerca de una hora, escuchando las confesiones de cinco hombres y seis mujeres de varias nacionalidades.
Por la tarde, el Papa tenía previsto dirigir un servicio religioso en la Basílica para conmemorar la pasión y la muerte de Cristo. Durante la noche se realizará el principal acontecimiento de la jornada: una procesión en el antiguo Coliseo romano, un rito que simboliza el camino de Cristo a su crucifixión.
Juan Pablo II solía cargar una cruz de madera durante la procesión, pero dejó de hacerlo hace tres años debido a su dificultad para caminar. Brindará una bendición al finalizar la ceremonia.
El Papa también presidirá una vigilia de Pascua el sábado, celebrará la misa de Pascua el domingo en la Plaza de San Pedro y entregará su mensaje y bendición para la ocasión.
Los peregrinos y turistas debieron pasar por detectores de metales para ingresar a la Basílica, una de las numerosas medidas de seguridad que se han dispuesto en Roma.
Las autoridades italianas dijeron que incrementaron las medidas de seguridad en el Vaticano, monumentos, iglesias y estaciones de trenes durante esta semana de festividades religiosas. Aclararon, sin embargo, que se trata de una "rutina" y que no existen amenazas específicas.