WASHINGTON, Estados Unidos, abr. 29, 2004.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush y el vicepresidente Dick Cheney respondieron este jueves, a puertas cerradas, a la comisión del Congreso que intenta desentrañar cómo los secuaces de Osama bin Laden realizaron el atentado terrorista más mortífero de la historia estadounidense. Los 10 miembros de la comisión arribaron a la Casa Blanca alrededor de las 9:15 de la mañana y se sentaron en torno de Bush y Cheney, que ocupaban asientos cerca de la chimenea en la Oficina Oval. El abogado de la Casa Blanca, Alberto Gonzales, y dos funcionarios que no fueron identificados participaron de la reunión, que comenzó puntualmente a las 9.30.
"Esta es una buena oportunidad para que el presidente se siente con miembros de la comisión y les hable de la seriedad con que encaramos la amenaza de Al Qaeda, las medidas que tomamos para enfrentarla y cómo hemos respondido a los atentados del 11 de septiembre", dijo el secretario de prensa Scott McClellan poco después del comienzo de la sesión.
"No preveo un informe sobre la discusión", dijo McClellan.
"Es una reunión íntima. La discusión de esta reunión se verá reflejada en el informe final".
El presidente Bush accedió a testificar ante esta Comisión -en la que en contra de todo pronóstico también intervino de manera pública su consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice- para demostrar que respondió apropiadamente a las advertencias de atentados que se conocieron antes del 11-S.
El objetivo central de esa comisión es determinar los problemas de seguridad que permitieron los atentados, y qué se ha hecho y puede hacerse para impedir que vuelvan a ocurrir.
Al principio la Casa Blanca se opuso a la creación de este grupo que investiga los atentados del 11 de septiembre del 2001, que dejaron casi 3 mil muertos en Nueva York, Washington y Pensilvania. Bush y Cheney aceptaron responder juntos después de discutir durante meses sobre las reglas de juego.
El desafío no es nuevo para Bush: debe convencer a los estadounidenses de que respondió adecuadamente a un sistema de inteligencia que, según el director de la CIA George Tenet, brillaba con "luces rojas" que advertían sobre la inminencia de un ataque terrorista. Pero en este caso, responde ante un auditorio pequeño y en la intimidad.