ISLAMABAD, Pakistán, jun. 1, 2004.- El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, ha ordenado la adopción de medidas firmes para acabar con la violencia sectaria entre musulmanes en Karachi, tras la muerte de veinte fieles chiítas anoche en una explosión en una mezquita y el asesinato el domingo de un clérigo suní. En la apertura de un seminario de la Organización de la Cumbre Islámica (OCI), en Islamabad, el propio Musharraf dijo hoy, martes, que los atentados suicidas son "motivo de preocupación para toda la comunidad islámica" y que se deben adoptar "medidas efectivas para acabar con ellos".
"La nación musulmana tiene retos formidables en la actual situación internacional", dijo el gobernante paquistaní, que se refirió a los problemas económicos y sociales, y también al terrorismo, y planteó "descartar el extremismo y promover la tolerancia y la modernización" para resolverlos.
Por su parte, el ministro de Información, Sheij Rashid Ahmed, anunció también hoy que, por instrucciones de Musharraf, "vamos a adoptar medidas firmes para proteger la vida de las personas y hacer que se respeten la ley y el orden".
"El presidente Musharraf supervisa personalmente y en detalle las medidas, que se conocerán en los próximos días", agregó Ahmed.
"La implicación de una mano extranjera, que podría ser la de (el grupo terrorista islámico) Al Qaeda, no se puede descartar en el atentado de ayer", dijo hoy, martes, el ministro del Interior, Faisal Saleh Hayat, que no hizo más precisiones sobre la autoría del atentado "para no perjudicar la investigación".
Para él, los servicios de seguridad paquistaníes "han causado graves daños a la red terrorista en Karachi y, algunos atentados recientes en la ciudad, incluido el de la mezquita de ayer, pueden ser una reacción por la detención de numerosos terroristas en los últimos meses".
El atentado de ayer fue el segundo en dos días atribuido a la violencia entre las comunidades islámicas en Karachi, la mayor ciudad y principal puerto del país, tras el asesinato el domingo del clérigo musulmán suní Nizamuddin Shamzai, ocurrido a un kilómetro de la explosión en la mezquita chií del Imán Bargah Ali Reza.
Al menos veinte personas resultaron muertas y cincuenta heridas en el atentado de anoche, que la Policía sospecha que fue llevado a cabo por un terrorista suicida que hizo explotar una bomba en medio de los fieles que acudían a la oración de las siete de la noche.
La explosión derribó una de las paredes laterales y parte del techo de la mezquita, así como un anexo del edificio dedicado a oficinas.
PROTESTAS Y REPRESIÓN
Un portavoz de las autoridades locales explicó hoy que, tras el atentado, miles de chiítas enfurecidos se manifestaron por la ciudad y tres personas resultaron muertas al disparar la Policía para disolver a los participantes en la protesta, que prendieron fuego a varios coches y comercios y cortaron algunas calles.
La tensión entre las comunidades musulmanas es extrema en Karachi, donde unos 15 mil policías se encontraban desplegados desde la mañana de ayer, tras el asesinato el domingo de Shamzai, muerto a tiros por una decena de desconocidos, que hirieron a otras tres personas.
Horas antes del último atentado, un portavoz de la administración municipal de Karachi había señalado que "mantenemos una protección especial alrededor de las mezquitas chiítas y estamos en contacto con el Ejército para que intervenga si es necesario", tras el asesinato de Shamzai.
Hoy mismo, la policía disolvió de nuevo, con material antidisturbios, a grupos de chiítas que habían prendido fuego a varios coches en las proximidades del cementerio donde miles de personas se habían concentrado para los funerales de varias de las víctimas del atentado de ayer.
La ciudad de Karachi ha sido el escenario de los atentados más graves ocurridos en Pakistán en los últimos años, muchos de ellos ataques indiscriminados de grupos terroristas musulmanes suníes contra la minoritaria comunidad chiíta, que representa una quinta parte de los 145 millones de habitantes de Pakistán.
También se han registrado algunos atentados, atribuidos a grupos chiítas, contra destacados dirigentes religiosos suníes y, en total, más de 4 mil personas han muerto en década y media por la violencia sectaria en Karachi.