WASHINGTON, Estados Unidos, 11 de junio, 2004.- Medio centenar de jefes de Estado, de gobierno y cancilleres se congregaron en Washington para asistir a los funerales de Estado de Ronald Reagan, el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos que logró dar un fin pacífico a la Guerra Fría. Con los ojos bajos y la mirada fija en el féretro presidencial, cubierto con una bandera norteamericana, muchos de los gobernantes que compartieron con Reagan el escenario mundial hace dos décadas, ocuparon sus asientos en la Catedral Nacional de Washington.
"Con la palanca del patriotismo norteamericano (Reagan) levantó el mundo", dijo la ex primera ministra británica Margaret Thatcher en un video grabado.
"Y por eso hoy día, el mundo entero; en Praga, en Budapest, en Varsovia, en Sofía, en Bucarest, en Kiev y en la propia Moscú, el mundo lamenta la desaparición del Gran Liberador”, dijo Thatcher.
Sentado de manera prominente cerca de la primera fila se hallaba Mijail Gorbachov, el ex jefe de la Unión Soviética que colaboró con Reagan.
"¿Es justo decir que Reagan ganó la Guerra Fría?", se preguntó el ex mandatario durante una reunión en la embajada rusa.
"Eso no es serio. Creo que todos perdimos la Guerra Fría, particularmente la Unión Soviética", aseguró.
Entre los dolientes figuraron el actual presidente de Estados Unidos, George W. Bush; sus cuatro predecesores vivos: George H.W. Bush, Jimmy Carter, Bill Clinton y Gerald Ford; el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, 167 embajadores, 25 jefes de gobierno, 14 cancilleres y once ex jefes de Estado.
En Alemania, un país reunificado tras la caída del muro de Berlín, en el segundo mandato de Reagan, las banderas ondeaban este viernes a media asta en los edificios federales.
"Es apropiado que el canciller alemán de las gracias" al difunto, "y eso es lo que hago", dijo el canciller Gerhard Schroeder.
Incluso, algunos gobernantes presentaron sus respetos pese a que las relaciones de su país con la presidencia de Reagan no fueron las mejores; como la isla antillana de Granada, que fue invadida por órdenes de Reagan, estuvo representada por el primer ministro Keith Mitchell. Y el gobierno de Fidel Castro, uno de los últimos vestigios del comunismo mundial, aclaró que una declaración previa poco halagadora acerca de Reagan, emitida por una radioemisora local no era la posición de las autoridades cubanas.
“El presidente Ronald Reagan fue un adversario tenaz de la Revolución cubana, pero el sentido de la ética y el pundonor de los revolucionarios cubanos no se concilian con la idea de emitir juicios críticos o ataques en momentos como éste de profundo dolor para sus familiares", expresó la declaración publicada por Granma.