BONN, Alemania, jun. 14, 2004.- El petróleo, rey del actual sistema energético, es objetivo básico del terrorismo internacional, como lo demuestran los últimos atentados perpetrados por redes de Al Qaeda en Arabia Saudita, uno de los países suministradores. La dependencia mundial del oro negro ha sido objeto de debate en la reciente Conferencia sobre Energías Renovables celebrada en Bonn, la capital alemana.
En el foro se abogó por la necesidad de apostar por energías alternativas al crudo petrolífero, ahora objeto de ataques indiscriminados.
La Conferencia tuvo uno de los momentos culminantes con la advertencia del canciller Gerhard Schroeder de que la dependencia del petróleo aumenta la vulnerabilidad ante el terrorismo.
El fomento de las energías limpias no es sólo un deber de solidaridad, sino también un imperativo para la seguridad mundial frente al terrorismo, afirmó el dirigente germánico.
El objetivo de los últimos atentados de Arabia Saudita e Irak fue el sistema neurológico de la humanidad, explicó el canciller, quien insistió en uno de los "leit-motiv" de la Conferencia:
El alza de los precios del petróleo pone más que nunca de relieve la necesidad de apostar por energías alternativas. "Apostar por las renovables no es populismo, sino realismo", dijo.
DECLARACIÓN DE BONN
La Conferencia sobre Energías Renovables concluyó con unas recomendaciones y una declaración fruto del consenso entre los 154 países participantes, comprometidos a impulsar las energías renovables como instrumento de lucha contra el cambio climático y la pobreza.
Los firmantes de la declaración reafirmaron su compromiso de incrementar sustancialmente y con un sentido de urgencia la cuota de energías renovables en el suministro energético total y reducir a la mitad el número de personas que viven en extrema pobreza antes del año 2015.
Es una resolución de consenso, en la que se rebajaron objetivos iniciales y se adecuó el lenguaje por presiones de países como Estados Unidos y Arabia Saudita. Los representantes alemanes, en cambio, lo consideraron un éxito.
El programa aprobado tiene como meta facilitar el acceso a la energía renovable a unos mil millones de personas fomentando las condiciones adecuadas en el desarrollo financiero y de los mercados.
"Llevar a cabo el plan implicará una reducción de mil 140 millones de toneladas de emisiones contaminantes al año", según fuentes del Gobierno de Alemania.
Los ministros y representantes gubernamentales reconocen en la Declaración la conveniencia de que el Banco Mundial y los de desarrollo regional aumenten sus inversiones en renovables y eficiencia energética, y establezcan objetivos concretos para ello.
Enfatizan la necesidad de ampliar la investigación y el desarrollo en los países pobres y economías de transición y acuerdan transmitir los resultados de su cooperación en ese ámbito a la Comisión de la ONU sobre Desarrollo Sostenible.
A lo largo de las negociaciones y hasta la declaración final se evidenció un claro disenso entre la posición de delegaciones europeas, que aspiraban a un documento más ambicioso y con objetivos claros.
Pero al final hubo una mediana satisfacción. Menos satisfechos se fueron un grupo de 24 organizaciones no gubernamentales latinoamericanas, según las cuales la declaración deja mucho que desear.
Marcelo Furtado, por parte de Greenpeace, señaló que Latinoamérica y el Caribe "salen con las manos vacías, sin proyectos con financiación, sin apoyos concretos de gobiernos, y eso siendo una de las regiones que en los últimos años más ha contribuido a avanzar en el proceso global".
Para los ecologistas, en general, el resultado de la Conferencia de Bonn es decepcionante porque no está a la altura de las expectativas, por falta de objetivos claros y de calendarios.
UN TEMA CLAVE
El tema del suministro de energía es clave para el futuro de la humanidad. No sólo por el terrorismo, que puede poner en crisis el sistema productivo industrial actuado sobre el sistema de producción y distribución de crudos petrolíferos, sino por razones más amplias.
La crisis del petróleo, los problemas de seguridad de la energía nuclear y los síntomas del calentamiento global de la atmósfera por emisiones de CO2 han hecho renacer el interés por el aprovechamiento de la energía renovable.
Las fuentes renovables son una forma inagotable y limpia de producir energía porque pueden ser reemplazadas tan pronto como son consumidas al encontrarse en cantidades infinitas en la naturaleza.
El sol, el viento, los ríos, los residuos urbanos, la fuerza del mar y el calor de la tierra son recursos infrautilizados en la actualidad, sin embargo se presentan como la alternativa a las energías clásicas cuando estas sean insuficientes, por cualquier motivo.
Prácticamente todas las actividades que se desarrollan en la moderna sociedad tecnológica utilizan fuentes de energías no renovables. Se originan del carbón, del petróleo y de la fisión nuclear del uranio; precisan ser transformadas antes de ser consumidas y no tienen sustitución una vez agotadas.
El carbón y el petróleo existen en cantidades limitadas, superando el consumo a su producción y la fisión del uranio genera residuos de difícil eliminación y requiere medidas de seguridad que encarecen las centrales nucleares.
Aunque no es la energía mayoritaria del presente, la investigación de las diversas fuentes renovables es contemplada como la única alternativa posible a los combustibles fósiles y a la energía nuclear.
Según un informe del Observatorio de Energías Renovables, las principales fuentes de energía en el mundo en 2001 fueron los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) con un 64.5 por ciento del total, mientras que la nuclear representó el 17.1 por ciento y la hidroeléctrica el 16.7 por ciento.
La producción a partir de la biomasa representó el 1.09 por ciento, la geotérmica el 0.32 por ciento, la eólica el 0.26 por ciento y la solar el 0.01 por ciento.