WASHINGTON, Estados Unidos, jun. 17, 2004.- El sistema de defensa aéreo de Estados Unidos estaba mal preparado para responder al ataque terrorista con aviones comerciales perpetrado el 11 de septiembre de 2001 por miembros del grupo Al Qaeda en Nueva York y Washington. Esta es la conclusión de un nuevo reporte preliminar de la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra Estados Unidos, el cual fue divulgado este jueves en la última audiencia pública antes de la emisión de su informe final el próximo 26 de julio.
"En la mañana del 11-S, el protocolo existente no era adecuado en ningún aspecto para lo que iba a pasar", señaló.
"Lo que siguió fue un intento apresurado para crear una defensa improvisada por funcionarios que nunca habían sido entrenados para una situación similar", agregó.
"Luchamos ese día contra muchos fantasmas", dijo el general Richard Myers, presidente del Estado Mayor Conjunto, ante la comisión que estudia los hechos del 11 de septiembre.
Observó que informes falsos de coches-bomba y otros actos terroristas se propagaron rápidamente en las horas que siguieron a los atentados suicidas contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
La comisión emitió sus conclusiones al tiempo que celebraba su última sesión pública de una serie dedicada a examinar los peores ataques terroristas en la historia del país.
Se anticipa que el panel presentará el mes entrante su informe definitivo acerca de los ataques que segaron casi 3 mil vidas.
La comisión dijo que los esfuerzos por responder a los cuatro secuestros registrados ese día se vieron afectados por lo ocurrido en múltiples frentes.
Un avión penetró en una laguna de la cobertura por radar de la Dirección Federal de Aeronáutica (DFA). La responsabilidad de dos de los aviones secuestrados recayó entonces sobre un único controlador aéreo.
La DFA no notificó a los militares el secuestro de uno de los cuatro aviones, y también les informó de manera incorrecta que el primer avión que chocó contra el Centro de Comercio Mundial estaba todavía en el aire después del impacto.
Los máximos funcionarios del gobierno tuvieron dificultades similares.
El presidente George W. Bush se hallaban en La Florida, con lo que el principal funcionario del gobierno en Washington era el vicepresidente Dick Cheney.
Autorizado por Bush, Cheney transmitió una orden de que los aviones militares derribasen cualquier aeronave considerada hostil.
A mediados de la mañana, Cheney dijo al secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld que pensaba que esa orden se había cumplido.
"Entiendo que ya han derribado un par de aviones", dijo Cheney según la comisión.