NUEVA YORK, Estados Unidos, jul. 1, 2004.- Uno de cada seis soldados destinados en Irak padecen, tras volver a su vida normal, estrés, depresión o ansiedad, según el primer estudio que examina el impacto psicológico de la guerra en las tropas estadounidenses. El informe, publicado este jueves en The New England Journal of Medicine, es claro y contundente al comparar los casos de aquellos soldados que sirvieron en Afganistán y los que lo hicieron en Irak, siendo estos últimos los más perjudicados "mentalmente".
Investigadores del Walter Reed Army Institute of Research examinaron a seis mil soldados en los meses previos y después de su paso por estos dos países.
Un 17 por ciento de los militares que lucharon en Irak mostraron, una vez de vuelta en casa, síntomas de depresión profunda, ansiedad severa, estrés y desórdenes post-traumáticos, frente al 11 por ciento de las tropas que estuvieron destinadas en Afganistán.
Estos índices son más elevados que los reportados tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, pero más bajos que tras Vietnam. No obstante, en estos casos los estudios sicológicos sobre las tropas se hicieron años después, incluso décadas en el caso de Vietnam.
Los investigadores, dirigidos por Charles Hoge, señalaron que cada guerra tiene sus peculiaridades.
En el caso de Irak, los soldados tuvieron un mayor contacto directo con el enemigo que en Afganistán, lo que explicaría las diferencias en las secuelas sicológicas.
Según el estudio, el 93 por ciento de los soldados que han regresado de Irak afirmaron haber sido atacados de forma directa, mientras que en el caso de los que sirvieron en Afganistán este porcentaje baja hasta el 66 por ciento.
El informe también reveló que sólo el 1.0 por ciento de los soldados en Afganistán reconocieron haber sido los responsables de la muerte de un no combatiente, mientras que este número sube hasta el 14 por ciento en el caso de Irak.
También indicó que el 95 por ciento de los militares destinados en Irak han visto restos humanos y cadáveres, mientras que en Afganistán fueron el 39 por ciento.
Los investigadores señalaron, a la vista de estos datos, que la implicación y el desgaste emocional es mayor en Irak que el que fue en Afganistán.
El estudio subrayó que aquellos que padecen los mayores síntomas son los más reacios a buscar ayuda psicológica, por miedo a ser estigmatizados por la sociedad, lo que podría afectar sus carreras profesionales.
Asimismo, indicó que muchos otros soldados pueden haber desarrollado algunos síntomas pero no los habrían reconocido todavía.