Haga clic aquí para ver la infografía sobre huracanes WASHINGTON, Estados Unidos, sep. 21, 2004.- El prestigio de la prensa estadounidense, empañado por escándalos en los últimos años, sufrió un nuevo golpe tras la admisión del canal de televisión CBS de que fue engañado con documentos sobre el servicio militar del presidente George W. Bush.
Esos documentos, supuestamente elaborados por el fallecido teniente coronel Jerry Killian, uno de los superiores del actual presidente en la Guardia Nacional Aérea de Texas, aseguraban que el joven Bush no se sometió a los exámenes médicos periódicos exigidos a los pilotos de la Fuerza Aérea.
También sugerían que tuvo un trato especial entre los militares por las conexiones políticas de su familia, ya que su padre era entonces congresista por Texas, y que Killian estaba bajo presión de sus superiores para cubrir las carencias del actual presidente.
Los documentos habían sido entregados a CBS por Bill Burkett, un ex oficial de la Guardia Aérea Nacional de Texas, quien el lunes admitió que había engañado al canal de televisión sobre su fuente, pero insistió en que eran auténticos.
Poco antes, Andrew Heyward, presidente de la división de noticias de CBS, explicó que la cadena no debió usar los documentos ante la imposibilidad de demostrar su autenticidad.
"Fue un error que lamentamos profundamente", añadió Heyward.
Los documentos, que elevaron la temperatura del agitado clima electoral estadounidense, fueron difundidos a comienzos de este mes por el programa "60 Minutes" a cargo del prestigioso presentador Dan Rather.
Tras entrevistar a Burkett el lunes, Rather ofreció una vez más sus disculpas a los televidentes al señalar que "se trató de un error de buena fe" que él lamentaba profundamente.
Según la revista "Time", para los conservadores y republicanos estadounidenses Rather "ha pasado a ocupar un puesto entre los iconos liberales que irresponsablemente han hecho caso omiso de las normas del periodismo para promover la caída de este presidente" en las elecciones de noviembre.
Para los demócratas, el asunto es un "show" de los más importantes y negligentes medios de información que dan rienda suelta al Gobierno de Bush, según "Time".
Ed Gillespie, presidente del Comité Nacional Republicano, dijo que debe hacerse una investigación para determinar una posible actividad delictiva de quien "haya intentado utilizar a un medio de información para afectar el resultado de una elección presidencial en los últimos días" antes de su celebración.
Según Scott McClellan, portavoz de la Casa Blanca, en el caso podría estar la mano de los demócratas en su intento por promover la candidatura presidencial del senador John Kerry.
"Ha habido informaciones de que Burkett mantuvo contactos de alto nivel con la campaña de Kerry. Eso plantea interrogantes", dijo en una entrevista para la televisión.
Pero el escándalo es uno más de los muchos que han perjudicado el prestigio de algunos de los medios de comunicación más respetados de Estados Unidos.
En 1981 el diario "The Washington Post" tuvo que devolver un premio Pulitzer entregado a una de sus periodistas que había escrito un dramático artículo sobre un niño de 8 años adicto a la heroína que no existía.
En julio de 1998 la cadena de televisión CNN se retractó de un informe en el que afirmó que Estados Unidos había usado gas neurológico contra desertores durante la guerra de Vietnam.
Un mes antes, la revista "New Republic" había despedido a uno de sus reporteros estrella por inventar buena parte de 41 artículos.
En mayo del año pasado Jayson Blair, periodista del diario "The New York Times", renunció tras admitir que inventó declaraciones y utilizado materiales de otros diarios en sus artículos.
Finalmente, en marzo de este año el diario "USA Today" anunció que había descubierto falsificaciones y ejemplos de plagio en las notas escritas por Jack Kelly, uno de sus más prestigiosos reporteros, quien tuvo que renunciar.