CIUDAD DEL VATICANO, Vaticano, sep. 30, 2004.- El Papa Juan Pablo II condenó este jueves la "plaga del secuestro" de personas que, dijo, "muestra una vez más la perversión a la que puede llegar la bajeza humana" y lamentó en particular la situación en Colombia. En un discurso a los prelados de las provincias eclesiásticas de Bogotá, Bucaramanga, Ibagué, Nueva Pamplona, Tunja y Villavicencio, al final de su visita "ad limina", el Papa denunció que "muchos de los males" de Colombia tienen origen en el narcotráfico.
"Deseo alentar vuestra esperanza, sobre todo en la difícil situación por la que atraviesa Colombia, de donde llegan noticias de atentados a la vida, la libertad y la dignidad de las personas, como si el ser humano fuera una mercancía de insignificante valor", dijo.
"Es notoria también la magnitud adquirida por el fenómeno del secuestro de personas, plaga que asola a miles de familias", agregó.
"La perversión a la que puede llegar la bajeza humana cuando, en aras de siniestros intereses, se pierde toda perspectiva moral", dijo.
Señaló que en el país andino "muchos" de estos males encuentran su origen en el narcotráfico, con ramificaciones en muchos sectores, y que aflige desde hace años a la Nación con incalculables consecuencias negativas en todos los ámbitos de la vida social.
"Ante tales hechos, comparto vuestro dolor y aprecio tantos esfuerzos realizados por alejar la violencia, eliminar sus causas y atenuar sus efectos", aseveró.
Pidió seguir prestando "adecuada" atención a las víctimas y alentando "incansablemente" a quienes desean abandonar el lenguaje de las armas para emprender el camino del diálogo pacífico.
El Papa afirmó que los obispos contaban "con factores decisivos para llevar a cabo la obra de la evangelización, como son el creciente número de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, la amplia presencia de Institutos religiosos".
"Así como la existencia de tantos centros de estudio y formación", dijo.
Advirtió que el "incremento del deterioro moral se presenta de muy diversas formas y afecta a los más variados ámbitos de la vida personal, familiar y social, socavando la importancia intrínseca de una conducta recta y poniendo peligro la autenticidad misma de la fe".
"Es un fenómeno debido, en parte, a ideologías que niegan al ser humano la capacidad de conocer con nitidez el bien y de ponerlo en práctica. (...) Es, pues, un reto de gran importancia que implica distintas líneas de acción pastoral teniendo como modelo a Jesús", explicó.
Recordó que proclamar la justicia, la verdad, la fidelidad o el amor al prójimo, en todas sus implicaciones concretas "es inherente al anuncio evangélico en su integridad".
"Esta enseñanza, íntegra y en plena sintonía con la doctrina moral de la Iglesia, será mucho más fructuosa si va unida al ejemplo personal, el acompañamiento constante y el aliento incansable", dijo.