BAGDAD, Irak, oct. 7, 2004.- En un Irak atormentado por el aumento de la violencia y la incertidumbre, los individuos más poderosos son los clérigos musulmanes que alientan al pueblo a renovarse espiritualmente y realizar actos de rebeldía contra Estados Unidos y el gobierno iraquí. En los 18 meses transcurridos desde la caída del gobierno de Saddam Hussein, los clérigos chiítas y sunnitas ocupan posiciones prominentes y eclipsan a los políticos respaldados por Estados Unidos, que regresaron del exilio con la idea de formar una nueva clase dirigente, pero se hallaron con que no poseen la popularidad de los clérigos.
El surgimiento de la religión como una fuerza significativa crea una tendencia que podría ser difícil de revertir en este país conservador.
Y su mera existencia plantea la posibilidad de que surja en el país un gobierno de orientación islámica muy diferente a la democracia secular que los Estados Unidos se habían impuesto como objetivo para que sirviese de modelo al resto del mundo árabe.
Suponiendo que la votación no se vea obstaculizada, las elecciones generales iraquíes de enero podrían indicar de manera precisa la fuerza de los políticos ligados a la religión.
Una facción radical chiíta que recibe amplio apoyo entre los pobres y la Asociación de Académicos Musulmanes, un grupo de árabes sunnitas, mantienen que no es posible realizar elecciones confiables mientras las tropas extranjeras permanezcan en Irak.
No obstante, eso podría cambiar.
Varios partidos chiítas moderados tratan de atraerse la facción chiíta militante encabezada por el clérigo Muqtada al Sadr, a fin de mejorar su popularidad y ganar votos en enero. Pero la eventual participación de Al Sadr en las elecciones depende en gran medida de los resultados de conversaciones para poner fin a su rebelión en el distrito chiíta de Sadr City en Bagdad.
La asociación de académicos podría tener gran influencia en decidir si pueden realizarse elecciones en las zonas sunnitas más afectadas por la violencia.
Desde el derrocamiento de Saddam, muchos iraquíes buscan refugio en el islamismo, algo que los analistas atribuyen en buena parte a lo que se percibe como injusticias de la ocupación extranjera y las consecuencias económicas de la delincuencia y el desempleo que siguieron a dicha ocupación. <´> La mayoría de los que combaten a los norteamericanos y a sus aliados iraquíes lo hacen motivados por la religión.
Más mujeres iraquíes se cubren con el velo que ordena la religión islámica y más hombres se dejan crecer la barba. Las mezquitas atraen a un número cada vez mayor de fieles y las licorerías, que se beneficiaron con la abolición de los aranceles de importación tras la caída de Saddam, son atacadas por grupos islámicos o incluso obligadas a cerrar.
"La gente ha vuelto a sus valores islámicos porque estos son sólidos y no cambian", dijo el politólogo Nabil Salem de la Universidad de Bagdad.
"En un tiempo de adversidad y retos, la religión es una fuerza unificadora", agregó.