Haga clic aquí para ver el micrositio de Elecciones en EU TOKIO, Japón, oct. 29, 2004.- Japón respiró este viernes con un doloroso alivio al saber que el cuerpo hallado en el norte de Irak no es el del joven nipón rehén del grupo más sanguinario de la resistencia iraquí, que ha jurado decapitarlo si Tokio no retira sus tropas del país árabe.
Mientras pasan las horas y el plazo que dieron los terroristas del jordano Abu Musab Al Zarqawi ya quedó muy atrás, el Gobierno nipón ha concentrado sus esfuerzos en Ammán y Bagdad para tratar de obtener alguna pista sobre Shosei Koda, de 24 años.
"Están llegando algunos retazos de información que podrían ser o no verdad, pero prefiero no comentarlos", dijo hoy el primer ministro nipón, Junichiro Koizumi.
Según el primer ministro, cuya posición se está viendo de nuevo comprometida por esta nueva crisis de rehenes en Irak, "la política del Gobierno no ha cambiado. Se hará todo lo posible para rescatarlo".
Tampoco cambió en las 48 horas que dieron los extremistas islámicos de plazo para ejecutar a Shosei la postura del Ejecutivo japonés en lo que se refiere a la retirada de las tropas, exigida por los secuestradores.
De nuevo Koizumi y su Gabinete rechazaron esa retirada, que califican como "claudicación ante los terroristas".
El fatídico plazo de 48 horas terminó en Japón en la madrugada de hoy, viernes.
Por eso saltó la alarma cuando esta mañana se propagó la noticia de que se había hallado el cuerpo de una persona asesinada con rasgos asiáticos en la ciudad de Tikrit, en el norte de Irak.
Al conocerse esta noticia proporcionada por medios de información chinos y rusos, el Gobierno japonés convocó una reunión urgente de sus principales miembros, mientras se aceleraban en el propio Irak y en la vecina Jordania las averiguaciones de los diplomáticos allá desplazados por Tokio.
En Ammán, se encuentra el viceministro de Asuntos Exteriores japonés, Shuzen Tanigawa, para coordinar los esfuerzos destinados a contactar con los secuestradores, que hasta ahora no parecen haber dado ningún resultado positivo.
También se supo que el cadáver hallado con numerosos impactos de bala era de un iraquí y no del joven japonés, que, según gente que le conoció en su largo camino desde Nueva Zelanda, donde estudiaba, llegó a Irak el pasado día 21 "para ver lo que ocurría".
NO HAY RELACIÓN CON EL EJÉRCITO JAPONÉS
En una rueda de prensa celebrada en el Club de Corresponsales Extranjeros de Tokio, la madre de Shosei, Setsuko Koda, y su hermano mayor, Maki, descartaron hoy cualquier relación del joven secuestrado con las Fuerzas de Autodefensa (Ejército) desplegadas en Irak, como apuntaron algunos medios nipones.
La prensa japonesa se ha mostrado muy crítica con Koda, al que han calificado de "irresponsable" por viajar a un país donde los extranjeros corren un especial peligro, al convertirse en los nuevos objetivos de guerra de los radicales que luchan contra la ocupación estadounidense.
Al contrario que en abril, cuando cinco japoneses fueron capturados y después liberados por guerrilleros iraquíes en medio de multitudinarias protestas contra Koizumi en Japón, ahora los medios de información locales presentan la noticia del secuestro de Shosei en segundo plano e incluso alguno ha calificado al joven de "espía".
"Mi hermano menor no tenía intención política alguna, ninguna relación con las Fuerzas de Autodefensa y ningún deseo de beneficio personal", dijo Maki con palabras entrecortadas por la emoción.
Shosei "simplemente quería ver de qué manera podía ayudar a esa gente de Irak, por eso les ruego (a los secuestradores) que lo dejen volver", añadió.
"Es una persona muy buena y creo que todo lo que ha hecho parte necesariamente de su altruismo", aseguró la señora Koda, quien manifestó que su familia no había pedido al Gobierno la retirada de las tropas japonesas de Irak.
"Somos gente sencilla, ciudadanos normales, y no estamos en posición de pedir al Gobierno que haga esto o aquello", explicó la madre de Shosei.
Japón dispone de 550 soldados estacionados en una base de Samawa, a unos 270 kilómetros al sur de Bagdad, embarcados en tareas de "reconstrucción", según el Ejecutivo nipón.
Desde que empezó la guerra lanzada por Estados Unidos en Irak, cuatro japoneses han sido asesinados por las guerrillas iraquíes, dos de ellos diplomáticos y los otros dos periodistas.