OSLO, Noruega, dic. 10, 2004.- La activista keniana Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz 2004, recogió este viernes el Premio Nobel de la Paz con un llamamiento a la lucha por preservar el medioambiente, ya que "el desarrollo sostenible, la democracia y la paz son inseparables". Maathai se convirtió en la primera mujer africana distinguida con el máximo premio político del mundo, en reconocimiento por la labor desempeñada al frente del grupo que fundó en 1977, Movimiento Cinturón Verde, contra la deforestación de su país, Kenia.
La galardonada recogió el premio en nombre de "la gente de Kenia, de África y del mundo... que trabajan en silencio por el medioambiente, por la democracia y por los derechos humanos".
"Haciendo esto, plantan las semillas de la paz", añadió la activista quien elogió al Comité Nobel por haber reconocido ante el mundo la importancia del medioambiente "y su relación con la democracia y la paz".
Al presentar el Premio, el presidente del Comité Nobel de Noruega, Ole Danbolt Mjos, explicó que "este año se ha ampliado el concepto de paz para incluir el medioambiente como un camino hacia ella".
Señaló en este sentido que la escasez de recursos resultante a menudo de la degradación medioambiental es con frecuencia la razón subyacente de conflictos que, de entrada, parecen sólo étnicos, religiosos o políticos.
Como ejemplo citó la lucha por el petróleo y el agua en Oriente Medio o "la erosión del suelo y la deforestación que han sido uno de los factores en la revuelta de Chiapas en México".
La Premio Nobel contó que al principio su Movimiento no trataba temas de democracia y paz, pero como "pronto quedó claro que una gestión responsable del medioambiente era imposible sin espacio democrático", sin el cual tampoco es posible la paz.
Uno de los logros más importantes de su movimiento, a juicio de la activista, es que ha convencido a los africanos, que tendían a pensar que "no sólo les faltan los medios, sino también los conocimientos para resolver sus problemas...y que las soluciones deben venir de fuera", de que mejorar su vida está en sus manos.
Por ello apeló a los africanos a "estar a la altura" del Premio recibido, pues "la solución de la mayoría de nuestros problemas debe venir de nosotros mismos".
La galardonada hizo una mención especial a las mujeres, y en particular a las africanas, que son "las cuidadoras primarias de las familias" y las primeras en darse cuenta de que el medioambiente se está degradando porque desaparecen los recursos naturales.
En los últimos 30 años, su movimiento ha plantado 30 millones de árboles y gracias a ello "las mujeres han mejorado su posición y relevancia" en la familia y en la sociedad, dijo.
También señaló la importancia de la cultura, y aprovechó para aclarar la polémica sobre su supuesta defensa de la ablación genital: "La cultura es dinámica y evoluciona con el tiempo, descartando las tradiciones retrógradas, como la mutilación genital femenina, y adoptando aspectos que son buenos y útiles", dijo.
Tanto la premio Nobel como el presidente del Comité señalaron los otros muchos problemas que azotan a Äfrica, y en especial a las mujeres, haciendo especial referencia al SIDA.
"El comité Nobel quiere pagar un tributo especial a las mujeres de África y de todo el mundo", dijo el presidente quien señaló que, aunque estas "llevan una pesada carga" y a veces los retos parecen insuperables, si se contempla la evolución y "si se mira a largo plazo es más fácil ser optimista".
Maathai trasladó así al mundo, desde la plataforma del Nobel de la Paz, los problemas y desafíos de su continente.
Llevó a Oslo, además, la sonrisa y la vitalidad de África, reflejada tanto en su flamante traje de color naranja, con pañuelo a la cabeza del mismo color, como en la música keniana con que se cerró la ceremonia, interpretada por la soprano Rhoda Achieng Ondeng.
Antes de los discursos, el tenor Andrea Bocelli inició la ceremonia con el "Ave María" de Franz Schubert, al que siguió una coreografía africana, en consonancia con el aire de homenaje a África de la ceremonia, presidida por el príncipe heredero Haakon, la reina Maud y el rey Harald.
El Nobel de la Paz, como todos los premios la "familia Nobel", está dotado con 10 millones de coronas, equivalentes a 1.10 millones de euros y, de acuerdo con la tradición centenaria de los galardones, se entrega el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel.
En internet: Premio Nobel de la Paz: http://www.nobel.no