BANDA ACEH, Indonesia, ene. 1, 2005.- Luego de la devastación provocada por las marejadas, lluvias torrenciales acentuaron los padecimientos de las zonas afectadas por el tsunami el sábado, con inundaciones en Sri Lanka que obligaron a los evacuados a huir e incrementaron el peligro de enfermedades mortales. Una réplica de magnitud 6.5 remeció Sumatra, al tiempo que los trabajos de socorro cobraban fuerza: caravanas de elefantes para transportar provisiones, 2 mil millones de dólares en ayuda y una vasta misión de rescate iniciada por las fuerzas armadas estadounidenses.
La cifra confirmada de muertos a raíz del sismo y los tsunami de hace una semana superó los 123 mil y según la ONU se acercaba a 150 mil.
El secretario general de la ONU, Kofi Annan, anunció que viajará a Indonesia, la nación más afectada, donde la cifra de víctimas se acercaba a 100 mil, según las autoridades. Annan asistirá a una conferencia sobre la organización de la ayuda en Yakarta el jueves próximo.
Nos lamentamos, lloramos, nuestros corazones se desgarran al ver miles de víctimas tiradas por todas partes", dijo el presidente indonesio Susilo Bambang Yudhoyono al recorrer la isla de Sumatra.
Una docena de helicópteros del portaaviones estadounidense Abraham Lincoln llegaron a Banda Aceh y otras partes de la costa noroccidental de Sumatra con refugios temporarios y otros bienes. Una escuadrilla de aviones de carga con equipo potabilizador de agua se dirigía a Sri Lanka.
El primer ministro japonés Junichiro Koizumi prometió ayuda por valor de 500 millones de dólares, que se sumó a los 350 millones prometidos en la víspera por el presidente estadounidense George W. Bush.
"La mortandad es de una escala que supera lo concebible", dijo Bush en su mensaje semanal por radio, y dispuso que las banderas ondeen a media asta durante toda la semana. El secretario de Estado Colin Powell viajaba hacia la región.
Pero las cifras en dólares eran apenas una abstracción para los sobrevivientes castigados una vez más por la lluvia.
En un campamento de refugiados en el aeropuerto de Banda Aceh, cientos de personas pasaron la noche bajo hojas de plástico.
"Sin ayuda moriremos", dijo Indra Syaputra. "Vinimos porque nos dijeron que había comida, pero son tonterías. Apenas conseguí unos paquetes de fideos".
Las lluvias que caían sobre la ciudad sembrada de cadáveres generaban condiciones propicias para el cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua. Las cajas de alimentos en el aeropuerto absorbían agua y dificultaban la tarea.
Se conocieron nuevos casos asombros de supervivencia.
La Cruz Roja indonesia en Banda Aceh desenterró a un sobreviviente de las ruinas de una casa donde se encontraba enterrado desde el día del tsunami. Los rescatistas escucharon los gritos de Ichsan Azmil.
En las remotas islas indias de Andaman y Nicobar, una mujer que alcanzó a salvarse de las olas dio a luz en un bosque donde se había refugiado. Llamó a su hijo "Tsunami".
En el oriente de Sri Lanka, inundaciones repentinas obligaron a evacuar a unas 2 mil personas ya desplazadas por un tsunami que mató a casi 29 mil personas.
Además de los muertos, se calcula que hay unas 5 millones de personas sin techo. La búsqueda de seres queridos continuaba, ya que los desaparecidos se contaban por decenas de miles. Entre éstos hay 3,500 suecos, mil alemanes y centenares de escandinavos, italianos y belgas.