Salvador Gilbert, una víctima del Holocausto



por: Primero Noticias
Fuente: Noticieros Televisa




Salvador Gilbert, un sobreviviente de los campos de concentración nazis, narra a Noticieros Televisa su experiencia






CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 26, 2005.- Salvador Gilbert, sobreviviente de un campo de concentración nazi, pide al mundo no olvidar aquellos hechos y agradece a Dios haber salido con vida.

Al conmemorarse el sesenta aniversario de la liberación de Auschwitz, don Salvador, de 84 años, narra a Noticieros Televisa su experiencia vivida durante el Holocausto.

Polonia, explica, fue la primera víctima de los nazis, ya que esa nación tenía más judíos que toda Europa junta. Hitler amenazaba constantemente con matarlos cruzando la frontera entre Alemania y Polonia.

Esta situación generó miedo entre los judíos polacos, pues Hitler era el líder de un país muy importante, agrega don Salvador.

Hitler fue un hombre capaz de realizar cosas que el mundo entero no se esperaba. Polonia no esperaba que las actitudes del ex dictador ocasionarían una guerra mundial, puntualiza el señor Gilbert, de origen polaco.

Don Salvador tenía apenas 19 años de edad cuando, con engaños, fue llevado al campo de concentración en Auschwitz .

Decenas de personas viajaban hacinadas incómodamente en los trenes alemanes, con la ilusión de llegar a Alemania y ser contratadas en fábricas de esa nación. Sin embargo, como cuenta Gilbert, todo era un engaño, pues eran hechos prisioneros en los campos de concentración nazis.

“Nosotros esperábamos dos o tres horas (de viaje), y estuvimos tres días y dos noches... sufríamos de falta de agua y de aire. Estábamos completamente encerrados”, narra y recuerda que durante ese viaje, muchas personas fallecieron.

Al llegar a Auschwitz, el entonces joven Salvador, se dio cuenta de que no estaban en Alemania y las chimeneas que veía a través de las rendijas del tren le impresionaron, pues pensaba que se trataba de grandes fábricas; sin embargo, no se imaginaba que se trataba de los crematorios nazis, donde eran quemados cientos de judíos.

Auschwitz, situado a unos 60 kilómetros de la ciudad polaca de Cracovia y liberado el 27 de enero de 1945 por el Ejército Rojo, fue la mayor fábrica de la muerte montada por el Tercer Reich en Europa.

MARCADOS

Los prisioneros eran marcados con parches de color amarillo, en el cuerpo y en la ropa, para que todo mundo supiera que eran judíos. También llevaban una número marcado en el brazo.

Don Salvador Gilbert estuvo tres años en el campo de concentración y afirma que todos los días que permaneció ahí fueron lo peor que pudo haber vivido.

“Ellos fueron preparados para martirizar a la gente. Logramos hacer un levantamiento, pero no resultó, porque nos descubrieron”, recuerda.

A raíz de ese intento fallido de levantamiento, los nazis marcaron debajo del número de Salvador, que era el 73 670, un triangulito, que significaba que era una persona peligrosa.

Dice estar acostumbrado a usar este número en el brazo, pues quitarlo con cirugía es imposible, ya que no se trata de un tatuaje, sino de una señal marcada hasta el hueso. Además, dice que no debe apenarse de usarlo, pues más bien son aquellos que se lo hicieron, quienes deberían avergonzarse por ello.

“TODOS LOS DÍAS ERAN HORROR”

Los presos judíos, recuerda Gilbert, salían cuidados por perros de los alemanes, y debían caminar entre pasillos electrificados. Cualquier movimiento ‘sospechoso’ para los nazis era motivo suficiente para que éstos les echaran encima a los perros, entrenados para atacar directamente a la garganta y matar a su víctima.

Al ser cuestionado sobre los momentos en que sintió que la muerte era inminente, don Salvador, señala que algunos de sus familiares murieron en las cámaras de gases, de las cuales, había cuatro en Auschwitz.

“En cada cámara de gas morían dos mil gentes al día, y estas dos mil gentes sumaban ocho mil. Estas ocho mil tenían que ser quemadas esa misma noche, pues al día siguiente, venía la segunda tanda”.

Asimismo narra que los jabones que fabricaban los nazis con sus víctimas judías tenían tres letras grabadas: la ‘R’, la ‘I’ y la ‘F’, que significaban: “hecho de grasa judía”.

Los alemanes decían no saber nada acerca de estos jabones y no se los contaban a sus familiares. Todo lo negaban. Sin embargo, los judíos presos en los campos de concentración debían bañarse con esos jabones.

Salvador Gilbert dice que no sabe qué lo motivó a soportar tanto dolor durante el Holocausto, pero afirma que fue cobarde para suicidarse, porque no era fácil lanzarse a las llamas de los crematorios, o aventarse a los alambrados electrificados.

“MÉXICO, BENDITA TIERRA”

Después de sobrevivir de los horrores del Holocausto, don Salvador sintió necesidad de venir a México, gracias a las cartas de una tía que vivía aquí y lo invitaba a venir. Él pensaba que lo haría por tan sólo unos días o meses, pero aquí se casó y ha formado a su familia. En poco tiempo será bisabuelo.


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