WASHINGTON, Estados Unidos, ene. 31, 2005.- En los tiempos de guerra, los presidentes estadounidenses abarcan gran parte de sus discursos anuales a la Nación con palabras que unan al país. El presidente George W. Bush no será la excepción en su mensaje del miércoles por la noche.
Aunque en su discurso de toma del mando del 20 de enero, no mencionó la palabra Irak, con toda certeza se concentrará en el conflicto en su discurso, tres días después de que Irak celebrara sus elecciones.
Más de mil 400 estadounidenses han muerto desde que comenzó la guerra hace casi dos años, y Bush se apresta a pedirle al Congreso una cantidad adicional de 80 millones de dólares para costear un conflicto que le cuesta al país mil millones de dólares por semana.
En medio de un ambiente de inquietud por la guerra, Bush se enfrenta al reto de mitigar la preocupación de los estadounidenses sobre el creciente número de muertos y aumento de los costos.
El discurso anual se convierte en un importante podio para los presidentes. Por lo general satanizan al enemigo y destacan la voluntad de los estadounidenses para el sacrificio -todo como parte de un esfuerzo concertado para mantener un fuerte respaldo.
Kurt Ritter, catedrático de retórica política de la Universidad A&M de Texas, dijo que en su discurso del miércoles, Bush podría recordar a los estadounidenses sobre las decapitaciones y los ataques de los insurgentes en Irak, y podrían concentrarse en la lucha por la democracia.
Bush tratará de asegurarse que su programa nacional que tiene como base privatizar parcialmente al sistema de Seguridad Social y la reorganización tributaria, no sean ensombrecidas por las preocupaciones de los peligros en el extranjero.