WASHINGTON, Estados Unidos, feb. 2, 2005. El presidente George W. Bush está dispuesto a desafiar al Congreso para que apruebe una serie de medidas controversiales que propuso previamente sin éxito alguno, desde grandes cambios en el sistema de pensiones hasta un relajamiento de las leyes de inmigración. Bush pronunciará el miércoles en la noche su discurso anual sobre el estado del país en momentos en que cuenta con el menor nivel de aprobación para un presidente reelecto desde Richard Nixon.
Pese a ello, insiste en que su triunfo en noviembre le da un mandato para el cambio, así como capital político para concretar su agenda.
Aún cuando los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso, las propuestas de Bush encaran grandes obstáculos. Los demócratas iniciaron temprano sus críticas al presidente, sintiendo que él los ignoró en el primer período de gobierno y que se ha negado a hacer compromisos. Los republicanos, por su parte, están preocupados por las ambiciosas reformas que plantea Bush al Seguro Social.
Temen que el partido arriesgue una derrota en las elecciones legislativas del 2006 al tratar de cambiar uno de los programas más populares con que cuenta el gobierno de Estados Unidos.
Las perniciosas relaciones entre los republicanos y los demócratas en el Congreso también complican la labor de Bush.
"Tenemos el Congreso más polarizado, tal vez desde la década del treinta", dijo Terry Madonna, profesor y encuestador de la institución académica Franklin & Marshall College, de Lancaster, Pensilvania.
"No creo que exista manera alguna en que los demócratas cedan ante temas que han defendido con vigor. La idea del bipartidismo está virtualmente obsoleta en el Congreso".
Otro problema que puede debilitar a Bush es Irak. Si la situación se deteriora en la nación árabe, podría socavar la fortaleza política del presidente.