ROMA, Italia, feb 2, 2005.- Esta tarde al venir para Roma, recordar aquella asfixiante noche del ferra agosto romano de 1978, era el seis de agosto cuando el Vaticano con la sequedad del caso, anunciaba el fallecimiento del Paulo VI. El Papa Montini no había resistido más, y moría rodeado de los suyos, en medio de sus médicos y de su primer círculo de confianza. Roma, como todas las capitales de Europa estaba de vacaciones, era agosto, el verano, pero tras los muros del estado más pequeño del mundo, la muerte del Pontífice, activaba todos los resortes de poder en busca de un nuevo sucesor de Pedro a la muerte de Paulo VI.
No habían terminado de preparar el cadáver del Papa, para los largos funerales y la lucha por sucederlo en el trono de San Pedro ya estaba fuera de control, como la muerte de cada Papa. Que unos, que unos se ocuparan de las exequias, pompa y ceremonia, que los hombres del poder entre las cortinas de los salones vaticanos se ocuparían de lo suyo, darle un líder espiritual a 800 millones de católicos y a ellos, y a ellos el poder, un reparto democrático del gobierno de la Iglesia que siempre ha sido unipersonal y en los sótanos de la Basílica de San Pedro.
Un reparto democrático del gobierno de la Iglesia que siempre ha sido unipersonal y teocrático, no fraguaba del todo el cemento de la más reciente tumba papal en los sótanos de la Basílica de San Pedro donde yacía para siempre con todos sus antecesores Paulo VI, cuando en la Plaza, arriba, ya se celebraba la elección de su sucesor, un desconocido llegado de Venecia, el patriarca de Venecia, Albino Luciani, que se hizo llamar Juan Pablo I, se hizo llamar Juan Pablo I, Juan por Juan XXIII, Pablo por Pablo VI, un Papa que en sólo 23 días marco un pontificado diferente, fresco, alegre y cuya muerte prematura antes del amanecer del 28 de septiembre de aquel mismo año del 78 sacudió al mundo y a las mismas estructuras vaticanas, no estaban preparados para un pontificado tan corto.
Juan Pablo I, el Papa Luciani, era además el primer Papa que moría sólo en sus aposentos del Palacio Pontificio, donde lo encontraron ya cadáver, aquello, aquello volvió a sacudir a la iglesia que se apuró a buscarle un sucesor, a él y a San Pedro, había comenzado el otoño romano, todavía todo esto en aquel mismo largo 1978 y los hombres de la Santa Sede no querían que el invierno les alcanzara en medio de la sospecha de los escépticos y la duda de las mayorías.
Y así, aquel mismo octubre, un hombre llegado del frío, del este europeo que había cruzado la cortina de hierro se asomó al balcón central de la Basílica de San Pedro, luego de que se anunciara al mundo que la Iglesia Católica, los cardenales encerrados en la Capilla Sixtina habían encontrado a otro sucesor de San Pedro, era el polaco Karol Wojtyla, un hombre que más que sacudir a la Iglesia sacudiría estructuras y equilibrios del mundo, desde el fin de la guerra fría hasta la caída del muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética, un hombre que también se propuso un cambio en México, y que lo logró a partir de su primera visita en enero de 1979, a los tres meses de haber llegado a la cátedra de San Pedro, en Roma, en lo que su primer viaje, su primera salida del Vaticano logró, una visita que sacudió y conmovió a México, pero que también lo sacudió y lo conmovió a él, nunca había visto tales multitudes, aquel viaje lo transformó, a él y a su pontificado.
Esta noche aquel hombre llegado del frío a Roma en aquel octubre de 1978 para sacudir a la Iglesia y al mundo, yace en una cama del décimo piso de esta clínica Gemelli, su hospital de cabecera, al que lo trajeron cuando el turco Mehmet Ali Agca le disparó dos tiros en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981, el mismo hospital Gemelli, al que lo han traído en todas y cada una de sus crisis de salud, la fractura de cadera, la de fémur, el apéndice, el tumor, en este mismo hospital que se ha llamado, él ha llamado sede alterna Vaticano II en una mezcla con humor del concilio y del impacto que la clínica Gemelli ha tenido en su vida y en su Pontificado.
Las noticias oficiales de la Santa Sede sobre la salud del Papa quieren ser más que optimistas, tranquilizadoras, esa ha sido estrategia de siempre aquí, los Papas solo están graves cuando se mueren, y este Papa, esta noche al menos en la versión última y oficial no se encuentra grave, no se muere; insisto es la versión oficial, casi la vox day, pero los hombres del poder, los que llevan meses trabajando en la sucesión, no escuchan partes médicos, mucho menos escuchan comunicados de prensa que ellos mismos emiten, los hombres del poder Vaticano siguen en lo suyo, en la búsqueda de un sucesor de Pedro a la muerte de Juan Pablo II, eso es lo suyo, lo del César, lo otro lo de los sentimientos duelo y tristeza es lo de todos los demás, lo de los millones y millones de creyentes en todo el mundo, suena fuerte, es fuerte, es cierto.