BISHKEK, Kirguizistán, mar. 24, 2005.-La oposición tomó hoy la sede del Gobierno en Bishkek, capital de Kirguizistán y apartó del cargo al presidente del país, Askar Akáyev, en el poder desde 1990 y cuyo destino es incierto. "Akáyev ha quedado, de hecho, apartado del poder", declaró Edil Baisálov, presidente de la coalición "Por la Democracia y la Sociedad Civil", una de las principales fuerzas de la "Revolución de los Tulipanes", como se conoce a esta sublevación popular.
Tras dos horas de enfrentamientos violentos, miles de opositores se apoderaron del edificio del Gobierno y retuvieron a los ministros de Defensa, Esén Topóyev, y al de Seguridad Nacional, Kaliki Imankulov, a los que obligaron a dimitir por escrito.
"El anterior Parlamento se reunirá esta noche o mañana de manera extraordinaria para nombrar al actual primer ministro, Nikolái Tanáyev, presidente interino", aseguró el líder de esa organización.
La oposición considera "anuladas" las recientes "fraudulentas elecciones legislativas" y para superar la actual crisis institucional se propone adelantar los comicios presidenciales que estaban previstos para octubre próximo.
Baisálov aseguró que la oposición no se proponía tomar la sede del Gobierno, pero la multitud fue "provocada por los escuadrones de criminales contratados por las autoridades para dispersar a los manifestantes".
El político opositor se refería a los grupos progubernamentales vestidos de paisano que se enfrentaron con los miles de partidarios de la oposición que se manifestaban pacíficamente en la plaza central de la capital kirguís.
Las fuerzas gubernamentales dispararon cartuchos de fogueo y los escuadrones pro Akáyev utilizaron palos de madera, pero fueron arrollados por una multitud enardecida.
Unas 5.000 personas lograron romper el cordón policial e irrumpieron en el edificio, donde las fuerzas del orden no opusieron resistencia y se replegaron a la sede del ministerio de Defensa.
En el despacho del jefe de Estado los manifestantes se apoderaron de la bandera presidencial y la mostraron a las 20.000 personas congregadas frente al edificio del Gobierno, que portaban pancartas opositoras e imágenes de tulipanes.
Inmediatamente, la oposición anunció la liberación del disidente Félix Kúlov, que fue encarcelado por oponerse a Akáyev, considerado un dirigente liberal en comparación con los autócratas que rigen los destinos de otros países de la zona, como Uzbekistán y Turkmenistán.
Kúlov, ex vicepresidente kirguís, exigió que Akáyev presente su "dimisión formal" para una "transferencia civilizada del poder" y garantizó la protección del presidente y su familia.
La toma de la sede del Gobierno se saldó con una treintena de heridos, pero sin ningún muerto, ya que el presidente kirguís había ordenado al nuevo ministro del Interior no utilizar armas contra los manifestantes.
Según las últimas informaciones, el presidente kirguís podría haberse refugiado en su residencia a las afueras de Bishkek, aunque otras fuentes sostienen que ya ha abandonado ese lugar en un helicóptero, en compañía de su familia, con destino a Kazajistán.
En Bishkek también circulan insistentes versiones sobre que Akáyev se haya refugiado en una de las bases militares extranjeras cerca de Bishkek, la rusa de Kant o la estadounidense de Manás.
Más tarde entraron en la sede del Gobierno, aclamados por los manifestantes, los líderes de la oposición, entre ellos Kurmanbek Bakíev, ex primer ministro y dirigente del Consejo Coordinador de Unidad Popular, máximo organismo revolucionario.
Bakíev, que reconoció que no se esperaba "la victoria de una revolución de terciopelo", propuso la creación de un Gobierno paralelo, como los que la oposición ya ha establecido en las regiones meridionales de Osh y Jalal-abad, y la noroccidental de Talás.
Acompañado de Rosa Otunbáyeva, líder del partido Ata-Yurt (Patria) y ex titular de Exteriores, Bakíev se reunió con los ministros de Interior, Defensa y Seguridad, a los que animó a "pasarse del lado de los opositores".
Otro dirigente opositor, Guiyaz Tokombáyev, negó que en el país hubiera ocurrido "un golpe de Estado o una guerra".
"El consejo coordinador del pueblo estudia las medidas a tomar para normalizar la vida en el país. Es necesario crear un mecanismo para el funcionamiento del Estado en ausencia del presidente", agregó.
Poco después, el secretario de Estado, Osmonakun Ibraímov, anunció su dimisión irrevocable después de que Akáyev se negara a escuchar sus consejos para entablar un diálogo con los opositores.
Kirguizistán, país de poco más de 5 millones de habitantes y limítrofe con China, Tayikistán, Kazajistán y Uzbekistán, es uno de los signatarios en el Tratado de Seguridad Colectiva de la comunidad pos-soviética.