CIUDAD DEL VATICANO, El Vaticano, mar. 31, 2005.- El Papa sigue en estado grave, con fiebre alta y una infección en las vías urinarias, aunque el tratamiento a base de antibióticos ha dado inicialmente resultado y su situación es estable, reportó la madrugadas del viernes la Radio Vaticana. Tras una jornada de comentarios de todo tipo acerca del estado de salud de Juan Pablo II, el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls confirmó la noche del jueves que se había producido un empeoramiento.
El Pontífice permanece en sus dependencias del tercer piso del Palacio Apostólico Vaticano, controlado en todo momento por un grupo de médicos.
La principal preocupación es que la infección que padece en las vías urinarias no desemboque en una septicemia, que es una infección grave generalizada, potencialmente mortal y que progresa rápidamente.
La septicemia puede conducir al llamado "choque séptico" y a la muerte, un vez que están en acción las toxinas liberadas por las bacterias.
El comunicado de la Santa Sede subrayaba que los doctores llevan a cabo un tratamiento a base de antibióticos y pretendía dar un tono tranquilizador al apuntar que el Pontífice está "estrictamente controlado por el equipo médico" que le atiende.
Horas después de esa nota, ya de madrugada, Radio Vaticana, emisora de la Santa Sede, insertaba en su página en Internet el dato de que Juan Pablo II reacciona bien a la medicación para superar la infección de las vías urinarias y señalaba que las condiciones de salud de Juan Pablo II "parece que se han estabilizado".
Los médicos continúan en la tercera planta del Palacio Apostólico Vaticano, donde el Papa tiene sus aposentos privados, para controlar en todo momento la evolución del paciente.
La noticia del empeoramiento en el estado de salud del Papa movilizó a varios centenares de católicos que en las primeras horas de este viernes se congregaron en la Plaza de San Pedro para rezar en señal de solidaridad y cercanía espiritual.
Asimismo, a El Vaticano llegaron las voces de todo el mundo en favor de un restablecimiento, mientras en el exterior unidades móviles de radio y televisión hacen guardia a la espera de novedades.
La tensión aumentó en torno a El Vaticano y se confirmó que el Papa recibió la unción de los enfermos, la que recibe cualquier enfermo.
Los médicos decidieron mantener al Pontífice en su residencia y no trasladarlo al Policlínico Gemelli de Roma, por considerar que sus actuales problemas pueden ser tratados de manera adecuada en el pequeño dispensario de El Vaticano, sin exponerse al riesgo de un traslado.
La información no resta dramatismo al grave estado de salud de Karol Wojtyla, de 84 años, debilitado por el Parkinson, convaleciente de una traqueotomía practicada hace cinco semanas para superar sus dificultades respiratorias y a quien el miércoles pasado se le colocó una sonda nasogástrica para permitir su adecuada alimentación, dados los problemas que tiene para ingerir.
Este viernes se cumplen dos meses de la hospitalización de Juan Pablo II en el Gemelli por una fuerte gripe.
Las complicaciones respiratorias posteriores obligaron a que le fuera realizada una traqueotomía en 24 de febrero y sólo pudo abandonar el centro médico el 13 de marzo.
A esa fecha corresponden las últimas palabras que pronunció públicamente, aunque con posterioridad ha tenido algunas apariciones silenciosas ante los fieles, en las cuales se percibió su delicado estado y su progresivo debilitamiento.