WASHINGTON, Estados Unidos, jul. 27, 2005.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, acudió este miércoles al Capitolio para cabildear directamente a favor de la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana (CAFTA). La inusual presencia del mandatario en la sede del poder legislativo puso de relieve el cerrado voto que el acuerdo comercial enfrentará en la Cámara de Representantes, donde este miércoles se inició la discusión previa a la votación.
Acompañado del vicepresidente, Dick Cheney, y del líder del Congreso, el republicano Denis Haster, Bush se dejó ver por algunos de los pasillos de la enorme construcción de mármol, antes de reunirse con legisladores republicanos.
Bush pronunció una arenga final en el Capitolio para pedir a sus correligionarios cerrar filas en favor de lo que dijo tenía para Estados Unidos "una importancia geopolítica e interés nacional".
El acuerdo aprobado por mayoría el mes pasado en el Senado, eliminaría tarifas y otras barreras comerciales a los productos que Estados Unidos exporta a República Dominicana, El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua.
El resultado de la votación en la Cámara de Representantes es de pronóstico reservado debido al rechazo mayoritario de los demócratas que buscan mayor protección a los derechos laborales y al medio ambiente.
A la oposición se han sumado legisladores republicanos que representan a estados azucareros y textiles y los que buscan mayor control en el comercio con China también han mostrado sus reservas frente a los beneficios del acuerdo.
Aunque la Casa Blanca llevó en las últimas semanas una agresiva campaña para revertir esta oposición, la presencia de Bush pareció sugerir que los votos a favor no están del todo seguros.
Los republicanos necesitan entre cinco y 10 votos para llegar a los 218 votos necesarios para aprobar el tratado, mientras que los opositores al acuerdo comercial indican que 28 republicanos votarán contra el tratado, según expertos.
En las últimas horas, opositores y simpatizantes del acuerdo que eliminaría de entrada tarifas arancelarias sobre 80 por ciento de las exportaciones estadounidenses hacia esas regiones, intensificaron sus esfuerzos en pro y en contra.
El martes, el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, insistió que la ratificación del tratado es un asunto de "seguridad nacional" y advirtió que el riesgo de un voto en contra hará volver a la región a la situación de violencia de hace dos décadas.
Pero la presidenta de la fracción hispana en el Congreso, la demócrata Grace Napolitano, dijo que el tratado favorece a grandes corporaciones y originaría la pérdida de empleos.
Napolitano reiteró el malestar de su partido por el hecho de que la Casa Blanca llevó a cabo las negociaciones del acuerdo sin consultar con ellos ni con grupos defensores de los derechos ambientales y laborales.