WASHINGTON, Estados Unidos, sep. 4, 2005.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, calificó este domingo de hombre "de carácter y dedicación" al fallecido presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos, y se comprometió a elegir un buen relevo para él en el más alto tribunal.
William Rehquist falleció el sábado por la noche a los 80 años tras un cáncer de tiroides.
El presidente envió sus más sentidas condolencias a la familia, los amigos y los colegas del juez, y en una solemne declaración en la Casa Blanca, ensalzó su sabiduría y su gran juicio demostrado durante los años transcurridos en el Tribunal.
La muerte de William Rehnquist deja abierta una segunda vacante en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, algo que no ocurría desde 1971, y da a Bush la posibilidad de remodelar -o mantener el actual nivel de conservadurismo- que impera en el Supremo de Estados Unidos.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos está compuesto por nueve jueces y tiene un papel fundamental en la vida social y política del país.
Bush tiene pendiente aún la confirmación de John Roberts, un joven juez designado para sustituir a Sandra Day O 'Connor, que presentó su dimisión a principios de julio.
La de O'Connor fue la primera vacante que se produjo en el Tribunal Supremo desde 1994, fecha en la que el entonces presidente del país, Bill Clinton, designó a Stephen Breyer.
La batalla por la confirmación de los nuevos magistrados -la de Roberts comienza esta semana en el Senado- se prevé dura, ya que mientras los conservadores no están dispuestos a que el Tribunal pierda su actual tendencia conservadora, los más progresistas consideran que ésta es la oportunidad de conseguir un mayor equilibrio ideológico en esta alta corte de Justicia.
Los nueve cargos del Supremo son vitalicios -salvo renuncia- y, dado el carácter "constitucional" de este Tribunal, los magistrados que lo componen tienen un papel determinante en la vida política y social de Estados Unidos, porque sientan jurisprudencia en materias tan controvertidas como, por ejemplo, el aborto.
Del perfil de los magistrados del Supremo depende en buena medida el sentido ideológico de las principales decisiones del país, independientemente del cariz político que tenga el presidente de turno.