Visite el sitio especial de Diálogos por México LONDRES, Inglaterra, feb. 3, 2006.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, concibió un plan para provocar al dictador iraquí Saddam Hussein con aviones pintados con la bandera de la ONU, según el memorándum de una reunión entre Bush y el primer ministro británico.
Bush informó al primer ministro británico de ese plan en el transcurso de la reunión, celebrada en la Casa Blanca el 31 de enero de 2003, según revela la nueva edición del libro "Lawless World" (Mundo sin Ley), de Phillipe Sands, profesor de Derecho Internacional del University College, de Londres, que este viernes cita la prensa británica.
Según las minutas de la reunión, vistas por Sands, Bush le dijo a Blair que estaba tan preocupado por el hecho de que no se encontraran las armas de destrucción masivas buscadas en Irak que pensó en "utilizar sobre Irak aviones de reconocimiento U2, protegidos por cazas pintados con la bandera de las Naciones Unidas".
Bush añadió que si el presidente iraquí disparaba contra esos aviones de reconocimiento, utilizados evidentemente para provocarle, habría violado las resoluciones de la ONU.
El presidente estadounidense confiaba también en que se pudiera sacar de Irak a un desertor del régimen para que informase al mundo de las armas de destrucción masiva y en cierta ocasión habló de la posibilidad de que Saddam fuera asesinado.
Blair le explicó a Bush que una segunda resolución de la ONU constituiría una "póliza de seguro" que brindaría "cobertura internacional, incluidos los países árabes" para el caso de que se torciese la campaña militar o Saddam decidiera incendiar los pozos de petróleo o se dedicara a asesinar a niños iraquíes.
Bush le contestó que no creía que fuera a estallar "una guerra interna entre los distintos grupos religiosos y étnicos", según la transcripción de la conversación de ambos políticos.
El libro revela asimismo que Bush y Blair llegaron aquel día al acuerdo de invadir Irak aun en ausencia de una segunda resolución de la ONU que autorizara la intervención o de pruebas sobre la existencia de armas de destrucción masiva.
Bush le explicó a Blair que la estrategia diplomática debía dar cobertura a la planificación militar de la operación, y el primer ministro no sólo no objetó, sino que le dijo a su interlocutor que le apoyaba totalmente y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario "para desarmar a Saddam".
La revelación de que Blair apoyó los planes de Bush de invadir Irak aun sin una segunda resolución de la ONU contrasta con las seguridades que el primer ministro británico dio al Parlamento de su país poco después.
En efecto, el 25 de febrero de 2003, tres semanas después de la citada reunión, Blair afirmó en la Cámara de los Comunes que el Gobierno británico había decidido darle a "Saddam una última oportunidad" para que se desarmase voluntariamente.
La reunión de la Casa Blanca entre Bush y Blair, a la que asistieron seis colaboradores de los políticos, tuvo lugar en medio de la creciente preocupación por la imposibilidad de encontrar las armas de destrucción masiva que Occidente atribuía al régimen de Saddam Hussein.
Unos días después, el entonces secretario de Estado norteamericano Colin Powell lanzó en la ONU graves acusaciones sobre el supuesto programa militar iraquí, que, según se demostraría más tarde, no tenían ningún fundamento.