Visite el sitio especial de Diálogos por México WASHINGTON, Estados Unidos, mar. 7, 2006.- Con el recuerdo aún fresco del infierno que vivió para cruzar la frontera por Altares, Alfonsina Vázquez Díaz, de Puerto Angel, Oaxaca se sumó este martes a casi 30 mil manifestantes frente al Capitolio.
Alfonsina Vázquez Díaz, indocumentada mexicana, afirma: “Fue muy riesgoso, muy peligroso para nosotros venir en el desierto, yo traen en los hombros a mi hija, la más pequeña, a ella exponerla a muchas cosas en el desierto, a quedar muertos de sed.”
Frente al simbólico escenario de la toma de posesión presidencial de cada cuatro años, pidió al Senado una reforma migratoria justa que la legalice y rescate de la explotación, igual que su paisano Pedro Díaz, también indocumentado.
“Solamente venimos a trabajar, a hacer los trabajos que la gente no quiere hacer, entonces nosotros lo hacemos y pues nos pagan bien poquito y nos tratan muy mal,” añadió Pedro Díaz.
Frente a esta, la más grande marcha en demanda de una reforma migratoria en los últimos 20 años, las más pequeñas víctimas potenciales de la iniciativa HR 4437 de James Sessenbrenner, aprobada en la Cámara baja, pidieron evitar la separación familiar y se reconozca el trabajo de los inmigrantes.
Después clérigos de todas las denominaciones religiosas oraron por una solución justa al problema de 11 millones de indocumentados, en lugar de medidas policíacas para sellar la frontera y deportarlos.
Al ritmo de cantos, consignas y tambores, representantes de cientos de miles de trabajadores sociales, médicos, enfermeras, integrantes de organizaciones caritativas se esposaron, anticipando que desobedecerían una ley similar a la de Sessenbrenner, que criminalice a los indocumentados y a quienes los contraten, transporten o ayuden.
Estos miles de manifestantes dijeron estar dispuestos a luchar hasta las últimas consecuenciasn para conseguir que más de 11 millones de indocumentados sean legalizados.