Visite el sitio especial de Diálogos por México PARIS, Francia, mar. 24, 2006.- La primera reunión entre el primer ministro, Dominique de Villepin y cinco líderes sindicales, sobre una nueva y controversial ley laboral, terminó el viernes en un evidente fracaso que azuzó la huelga nacional programada para la próxima semana.
"Enfrentamos un rechazo total", dijo el secretario general del sindicato CFDT, Francois Chereque, luego del encuentro de 75 minutos con Villepin en la oficina del primer ministro.
“En un golpe más a las perspectivas de alcanzar una resolución, los principales sindicatos de escuelas preparatorias y universidades decidieron rechazar la invitación del primer ministro para reunirse el sábado”, dijo Karl Stoeckel, del sindicato nacional de preparatorias. En contraste, organizaron una rueda de prensa frente a la oficina del primer ministro.
Dos pequeños sindicatos estudiantiles, con una reducida representación, aceptaron reunirse con Villepin.
La ausencia de avances en la cita colocó a Francia ante la perspectiva de interrupciones generalizadas en el transporte por la huelga prevista para el martes. Autoridades de aviación civil dijeron el viernes que temían disturbios y la cancelación de vuelos.
Villepin describió al encuentro del viernes como un primer paso y manifestó la esperanza de nuevas conversaciones la próxima semana, pero sin aclarar la forma en que saldría de la crisis y apaciguaría la oleada nacional de protestas estudiantiles que ha causado el bloqueo de docenas de universidades y violentos enfrentamientos con la policía.
Organizaciones de empleadores, que también se entrevistaron con el primer ministro, manifestaron apoyo a la ley de trabajo, pero también una seria preocupación por Francia y su imagen.
"Creemos que la violencia pone en peligro a la economía de nuestro país, su imagen, reputación y también la solidez del tejido social", alertó después de las conversaciones el líder del poderoso grupo empresarial MEDEF, Laurence Parisot.
La oposición a la normativa, que facilita a las empresas la contratación y el despido de trabajadores jóvenes en los dos primeros años de empleo, ha provocado una crisis en el gobierno conservador y protestas estudiantiles en decenas de universidades.
También ha dejado al descubierto las profundas divisiones que existen sobre la dirección de la reforma, entre aquellos que sostienen que se requieren nuevos enfoques para liberar la economía y otros que insisten en que los cambios no deben socavar las prestaciones sociales que otorga el país.
Los jóvenes han sido los principales opositores de la ley, respaldados por los poderosos sindicatos y los partidos izquierdistas, que ven una oportunidad para herir profundamente al gobierno conservador antes de los comicios presidenciales y legislativos del año próximo.
Empero, el gobierno y los sindicatos también corren el riesgo de que la policía no pueda controlar la violencia, y ello incrementa las presiones para que ambas partes busquen una solución o al menos no parezcan intransigentes.
El jueves, un grupo de violentos se mezcló con los manifestantes y convirtió un parque ubicado frente a la tumba de Napoleón en un campo de batalla.
Jóvenes con bates de béisbol atacaron a los estudiantes que se manifestaban y otros lanzaron cascotes y piedras contra los policías, que respondieron con gases lacrimógenos.
“La policía realizó en el país 630 detenciones y 90 agentes fueron lesionados”, dijo el viernes el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy. “En total ha habido mil 420 arrestos y 453 policías heridos en los enfrentamientos que estallaron el 11 de marzo”, añadió.
El alcalde de París, el socialista Bertrand Delanoe, calificó la situación de "explosiva" y solicitó a los principales actores del gobierno que tomen el asunto con seriedad.
Por su parte, el presidente, Jacques Chirac, dijo que se debe aplicar la ley laboral, y con relación a las presiones para que renuncie manifestó: "No soy simpatizante de una democracia de ultimátums".