Visite el sitio especial de Diálogos por México WASHINGTON, Estados Unidos, jun. 29, 2006.- El Tribunal Supremo de Estados Unidos falló este jueves que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se ha excedido en sus atribuciones en tiempos de guerra con la creación de tribunales militares para los detenidos en la base de Guantánamo (Cuba).
La decisión representa un revés importante para la política antiterrorista del Gobierno Bush. El Tribunal resuelve así el caso conocido como "Hamdan contra Rumsfeld", que fue planteado después de que el ciudadano yemení Salim Ahmed Hamdan, uno de los presos en la base militar y considerado el chofer del líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama bin Laden, decidiera presentar un recurso contra su procesamiento.
Hamdan reclamaba que se declaren anticonstitucionales los tribunales de guerra creados "ad hoc" para los presos de la base naval estadounidense de Guantánamo.
Estados Unidos considera que esos presos son "combatientes enemigos" y están excluidos de la protección que otorgan las convenciones de Ginebra.
El magistrado John Paul Stevens, quien redactó el fallo, indicó que los juicios antes los tribunales militares son ilegales ante la ley de Estados Unidos y las citadas convenciones.
El Tribunal Supremo, con su decisión de cinco votos a favor y tres en contra, fuerza con este fallo al Departamento de Defensa a elaborar un nuevo esquema para los casi 500 detenidos en la base militar estadounidense en Guantánamo (Cuba).
Los abogados de Hamdan pedían al Tribunal Supremo que se pronunciara sobre el alcance de los poderes del presidente estadounidense, desde los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos.
Hamdan, de 36 años, ha pasado cuatro años en la base estadounidense en Cuba. Es acusado de conspirar contra ciudadanos estadounidenses entre 1996 y noviembre del 2001.
En concreto, el abogado defensor de Hamdan y profesor de la Universidad de Georgetown, Neal Katyal, pidió al Supremo que pusiera fin a "esta atribución de poderes sin precedentes".
Frente a esta postura, los letrados del Gobierno alegaban que los tribunales federales no debían interferir en las medidas presidenciales para la lucha contra el terrorismo.
El Gobierno también alegaba que una resolución del Congreso aprobada tres días después de los atentados y la propia Constitución concedían poderes a Bush para luchar contra el terrorismo sin la supervisión del Poder Judicial o el propio Legislativo.
El presidente del Tribunal, John Roberts, se inhibió porque en el pasado formó parte de un tribunal de apelaciones que se pronunció contra Hamdan.
Hace dos años, la Corte Suprema rechazó la afirmación de Bush de que tenía autoridad para capturar y detener a sospechosos de terrorismo y negarles de manera indefinida todo acceso a abogados o a un tribunal de justicia. En el seguimiento del caso, los jueces del máximo tribunal se concentraron en el tópico de los procesos de algunos de los detenidos.
La decisión del Tribunal Supremo sobre este asunto es el dictamen de mayor importancia sobre las competencias presidenciales desde la II Guerra Mundial.
Por su parte, Tony Snow, vocero de Bush, dijo que la Casa Blanca no formulará comentarios hasta que sus abogados tengan la posibilidad de examinar la decisión.
El gobierno había sugerido en semanas recientes que se aprestaba a que la Corte Suprema invalidara sus planes de procesar a detenidos en Guantánamo.
Bush dijo a la prensa: "Me gustaría cerrar Guantánamo. También admito que algunas de las personas detenidas son muy peligrosas".
El dictamen de la Corte Suprema no dice si la prisión de Guantánamo debe ser clausurada. Alberga a centenares de personas que el gobierno de Estados Unidos considera sospechosas de terrorismo. Grupos de defensa de los derechos humanos, como Amnistía Internacional y Americas Watch, han denunciado maltratos a prisioneros. Este mes, tres prisioneros -- dos saudíes y un yemení -- se ahorcaron dentro de sus celdas.
Tras los suicidios, el almirante Harry Harris, el comandante del centro de detención estadounidense, calificó estos fallecimientos como un "acto de guerra" en contra del ejército estadounidense. Sus declaraciones causaron una protesta airada de los principales periódicos en Estados Unidos y en Europa.