Con música, bailes y vino, los Sanfermines celebran el inicio de las fiestas.
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por: Agencia
Fuente: EFE




Arrancan las fiestas de San Fermín, en Pamplona, España; durante nueve días cientos de personas disfrutarán de los encierros taurinos






PAMPLONA, España, jul. 6, 2006.- Con el lanzamiento del tradicional cohete anunciador, "el chupinazo", comenzaron en la norteña ciudad de Pamplona las fiestas de San Fermín, conocidas en todo el mundo por sus encierros taurinos y su jolgorio callejero.

Cientos de miles de personas, muchas de ellas llegadas desde los puntos más recónditos, siguiendo las huellas ya míticas del escritor norteamericano Ernest Hemingway, se disponen a vivir desde este jueves la alegría y el desenfreno que su cuerpo aguante durante los próximos nueve días.

Porque los Sanfermines son unas fiestas en las que es difícil permanecer como mero espectador -excepto cuando se trata de correr delante de los toros- ante el torbellino de música, canciones y bailes, protagonizados por las populares charangas -grupos musicales-, y los efluvios del alcohol.

Una marea humana, con sus vestidos blancos, su pañuelo rojo al cuello y su fajín del mismo color a la cintura, se concentró a mediodía (10.00 GMT) en la Plaza del Ayuntamiento (municipalidad) para asistir al "chupinazo", como es tradicional desde hace 60 años.

Y por primera vez en esas seis décadas, el concejal encargado de encender el cohete pirotécnico, Xavier Eskubi, representante del grupo de la izquierda independentista pro-vasca Aralar, no acompañó ese gesto con el grito de "Viva San Fermín" apelando a su condición de agnóstico.

Eskubi lo cambió por un "Viva las fiestas de San Fermín", pero la alcaldesa, Yolanda Barcina, del conservador UPN, no se pudo contener y coreó acto seguido, micrófono en mano, el "Viva San Fermín, Gora (viva en lengua vasca) San Fermín" para restablecer la tradición.

Sin darle ninguna importancia a la polémica, la muchachada que llenaba la plaza de la municipalidad abrió al unísono miles de botellas de vino espumoso para celebrar con saltos y cánticos el inicio de las fiestas.

Mañana, día de San Fermín, comenzarán los esperados encierros, que consisten en correr, a primeras horas de día, delante de los seis toros que por la tarde se lidiarán en el coso de Pamplona por un trayecto vallado de 848 metros que transcurre por el casco histórico de la ciudad.

La carrera, que tiene una duración media de 3.55 minutos, se repite durante ocho días con la participación de "corredores" profesionales y muchos neófitos, que se la juegan ante los descomunales ejemplares de ganaderías famosas como las de Miura o Victorino Martín.

En los encierros suele haber heridos por asta de toro y ocasionalmente muertos, como pudo comprobar el visitante más ilustre de la Pamplona moderna, el escritor norteamericano Ernest Hemingway, al que las fiestas de San Fermín le deben como a ningún otro su aureola de acontecimiento internacional.

Hemingway (1899-1961) llegó por primera vez a la capital navarra el 6 de julio 1923 y sus vivencias del juego del hombre con el toro y la muerte le impactaron tanto que le inspiraron su primera novela de éxito, The Sun Also Rises (Fiesta), publicada tres años después.

El escritor regresó a los Sanfermines en ocho ocasiones más, la última en 1959, cinco años después de obtener el premio Nobel de Literatura y dos años antes de su muerte.

Las fiestas de San Fermín se mueven a los acordes de la música de pasacalles, que dirige el incansable transitar de lugareños y visitantes, movidos por la euforia del vino y otros alcoholes mayores, entre los que se encuentra el licor local de endrina llamado pacharán.

También se come en Pamplona, cuya cocina tiene elementos vascos y franceses y algunos productos singulares, como los cogollos -pequeñas y tiernas lechugas- de Tudela, los pimientos de Lodosa, los espárragos de la ribera del Ebro y el toro estofado, porque el toro es el gran protagonista de los Sanfermines.

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