NUEVA YORK, Estados Unidos, jul. 24, 2006.- El secretario general de la ONU, Kofi Annan, consideró este lunes que Irán y Siria, por el grado de influencia que ejercen en la región, deben implicarse en la búsqueda de una salida a la crisis del Líbano. "Tenemos que alentar a los líderes de la región con influencia a ayudar. Esperamos que Irán y Siria sean parte de la solución a la crisis del Líbano", dijo Annan en declaraciones a la prensa.
Negó que haya decidido enviar a Siria e Irán la misión mediadora de la ONU, encabezada por su asesor especial Vijay Nambiar, como han sugerido algunos medios de comunicación, pero no descartó hacerlo en un futuro si considera que es necesario.
Annan dijo que había mantenido contactos con las autoridades sirias e iraníes, y que tanto Damasco como Teherán le han expresado su disposición de cooperar, pero que todo dependerá del paquete de medidas que surjan de la conferencia internacional que se celebrará en Roma el próximo miércoles.
Esta reunión, a la que asistirá Annan con la delegación de mediadores que acaban de regresar de la región, tiene como objetivo buscar una solución sostenible al conflicto del Líbano.
Convocada por la secretaria de Estado de EU, Condolezza Rice, también participarán el llamado "Grupo de Contacto para el Líbano", que está integrado, además de su país, por Francia, Reino Unido, Italia, Unión Europea (UE) Egipto y el Banco Mundial.
"Espero que de la reunión emerja un paquete de medidas concretas para buscar una solución a la crisis. Se discutirá el cese de las hostilidades, la liberación de los prisioneros y el despliegue de una fuerza internacional en el sur del Líbano", señaló Annan.
El titular de la ONU puso un especial hincapié en la necesidad de que estas medidas políticas se apliquen "en paralelo" y no de forma secuencial como sugieren algunos países, como es el caso de EU.
Sobre la fuerza multinacional, el titular de la ONU consideró que la idea es "apoyar al Gobierno del Líbano a fortalecer sus fuerzas armadas y a que pueda extender su autoridad" en todo el territorio libanés, en aplicación de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad.
Esta resolución, adoptada en septiembre del 2004, exigía el desarme y desmantelamiento de todas las milicias libanesas y extranjeras, incluido el movimiento chíi Hezbolá, así como pedía al gobierno de Beirut ejercer su autoridad en todo el país.
Aún está por determinar cómo será el despliegue de la fuerza internacional, pero Annan dijo que se está estudiando en base a consideraciones políticas y logísticas, y teniendo en cuenta las ventajas y desventajas que suponen que el operativo sea bajo bandera de la ONU.
Algunos gobiernos defienden que sea un operativo multinacional, que su mandato sea autorizado por el Consejo de Seguridad, pero que no sea una misión de paz de la ONU, mientras que otros países defienden expandir la capacidad y el mandato de la actual misión en el Sur del Líbano (UNIFIL), que cuenta con 2.000 efectivos.
Según Annan, una fuerza internacional, sin bandera de la ONU, se podría desplegar con mayor rapidez, pero también reconoció que muchos gobiernos son reticentes a enviar tropas si no es para trabajar conjuntamente con los "cascos azules".
Más allá del debate, enfatizó, que "una solución militar por sí sola no producirá resultados" y que lo importante es conseguir un acuerdo político, tomando en consideración los propios intereses de los libaneses.
Annan resaltó que es necesario diferenciar las soluciones a corto plazo, que se traducen en el fin de la violencia y el dar acceso a la ayuda humanitaria, y las medidas a largo plazo, que permitan un paz duradera y que el Líbano supere la situación política que tenía incluso antes de que estallara la crisis.
Casi 400 personas han muerto en Líbano desde que se iniciaron las acciones militares israelíes contra la milicia chií Hezbolá, que ha atacado el norte de Israel, lo que ha ocasionado una treintena de muertes, y tiene como prisioneros a dos soldados israelíes.