QUITO, Ecuador, ago. 21, 2006.- El volcán Tungurahua se mantiene en relativa calma tras la potente erupción de la semana pasada, pero las necesidades de los miles de afectados están en constante aumento, se informó este lunes. Entre el miércoles y jueves este volcán del centro andino del país causó la destrucción casi total de diez poblados campesinos, cuatro personas murieron y casi 5 mil personas perdieron sus casas y cultivos bajo las cenizas.
Cálculos preliminares indican que unas 40 mil hectáreas agrícolas y frutícolas se dañaron. La lava y rocas destruyeron centenares de casas ubicadas en la ladera occidental del volcán, a lo cual también contribuyó el peso de la ceniza acumulada, que desplomó techumbres.
El director de operaciones de la Cruz Roja, Jorge Arteaga, declaró en canal 2 que los damnificados por la erupción requieren con urgencia "alimentos no perecederos, de útiles de aseo. Ellos no necesitan ropa en este momento, necesitan alimentarse todos los días".
El alcalde de Penipe, Juan Salazar, expresó que "solo aquí tenemos 3 mil 200 personas refugiadas de siete comunidades directamente afectadas y está previsto que nadie regrese a esos pueblos por ser áreas de alto riesgo", indicó respecto a esos poblados que estaban ubicados en los flancos occidentales del volcán.
El alcalde de la ciudad de Baños, Fausto Acosta, aseveró que "estoy cansado de que todo el mundo me llame, me pregunte, me haga entrevistas, me haga hablar y total nada de ayuda".
"No sólo queremos alimentos para las personas, también queremos alimentos y medicinas para los animales porque se están muriendo de inanición y por enfermedades. Todo está cubierto por ceniza y no tienen nada que comer", aseveró.
El ministro de Gobierno (Interior), Antonio Andretta, dijo en canal 2 de televisión que los efectos de la erupción "son tan graves y tienen tantas implicaciones ... que el gobierno trata de atender las cosas más importantes, las de urgencia".
"Es un problema nacional que hay que asumirlo como una realidad grave", añadió.
El ministro de Salud, Guillermo Wagner, en canal 4 de televisión, aseveró que uno de los problemas adicionales al que se enfrentan las autoridades es "el apego a la tierra" que tienen los pobladores de esa zona, que a pesar del riesgo y de la destrucción quieren regresar a sus pueblos.
Añadió que el régimen ha dispuesto no solo ayuda material para los damnificados, sino también brigadas médicas para atender a las afectados.
El experto del Instituto Geofísico, Santiago Arellano, dijo que "en las últimas 24 horas se mantiene la tendencia de baja actividad del volcán ... tampoco han existido explosiones ni bramidos y no se ha apreciado ninguna columna de ceniza y gases".
"La situación general se está estabilizando aunque ... todavía hay magma presente y la posibilidad de una nueva erupción es todavía válida", señaló, entrevistado telefónicamente desde el puesto de observación denominado Ojos del Volcán.
Añadió que "la situación sigue siendo de alerta ante el proceso de deformación e hinchamiento del volcán".
Informes preliminares del Instituto Geofísico señalaron que la nube de ceniza provocada por la erupción llegó a la estratosfera y tuvo un diámetro de 280 kilómetros. Los gases, piedras y flujos incandescentes arrojados por Tungurahua se elevaron hasta ocho kilómetros de altura.