RÍO DE JANEIRO, Brasil, ago. 22, 2006.- El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, rechazó que se le compare con su colega venezolano, Hugo Chávez, y dijo que, al contrario del cubano Fidel Castro, el pueblo y no lo historia lo absolverá, informó este martes la prensa brasileña. Lula hizo las dos referencias en un discurso que pronunció en la noche del lunes en una reunión privada en Río de Janeiro con artistas que apoyan su candidatura a la reelección en los comicios del 1 de octubre, del que hoy se hacer eco el diario O Globo.
En torno a las críticas de algunos opositores de que, en caso de que sea reelegido, su segundo mandato estará inspirado en el gobierno populista de Hugo Chávez, Lula rechazó la comparación.
"No tienen que inventar y ahora vienen con esa historia del chavismo. No voy a hacer ningún chavismo. Primero, porque no soy Chávez. Segundo, porque este país no es Venezuela. Este es un país que tiene una tradición en sus instituciones", aseguró el gobernante citado por O Globo.
En la reunión, que tuvo lugar en la residencia del ministro de Cultura, el cantautor Gilberto Gil, Lula admitió que el Partido de los Trabajadores (PT), que ayudó a fundar y con el que gobierna de 2003, cometió algunos errores.
La declaración fue una referencia a las denuncias de corrupción que salpicaron a importantes dirigentes de la formación oficialista y que provocaron la caída de la antigua dirección del partido.
Alegó, sin embargo, que el pueblo sabrá absolver al partido.
"El PT erró. Compañeros del PT cometieron errores, pero no puedo generalizar. No fue todo el PT el que erró", afirmó.
"Fidel Castro escribió que la historia algún día lo absolverá. Yo no necesito esperar por la historia. El pueblo va a absolverme ahora", agregó.
Lula, según la versión periodística, atribuyó varias de las acusaciones de corrupción contra su partido y su gobierno "a una reacción de la elite política" que quería verlo "sangrar" antes de las elecciones.
El gobernante es el favorito para vencer las elecciones de octubre, según las encuestas, que le atribuyen un 47 por ciento de las intenciones de voto, y puede garantizar su elección sin necesidad de una segunda vuelta.