RÍO DE JANEIRO, Brasil, oct. 2, 2006.- Los resultados de la primera vuelta en las elecciones presidenciales hacen impredecible de quién será la victoria final y temer una radicalización de posturas y un juego sucio que relegue de nuevo del debate de ideas y programas. La flaca victoria del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quien obtuvo 48,61 por ciento de los votos válidos, y el empuje recibido por el socialdemócrata Geraldo Alckmin, que logró 41,64 por ciento, han obligado a revisar los análisis que apuntaban a una remota posibilidad de una segunda vuelta.
La poca distancia que separa a los dos candidatos que se enfrentarán nuevamente el 29 de octubre hacen presagiar una campaña dura para ambos, y especialmente difícil para Lula, quien parece haber entrado en una fase de declive, mientras que su rival está en ascenso.
El resultado está, en gran medida, en el electorado que votó por otros candidatos y de las alianzas que ahora, con el respaldo de las urnas, cada uno de ellos pueda lograr.
Algunos comentaristas consideran que la segunda vuelta tendrá la ventaja de dar tiempo para avanzar las investigaciones sobre la presunta tentativa de compra de un dossier, por militantes del Partido de los Trabajadores, de Lula, para desacreditar a sus adversarios.
Además, puede permitir que las autoridades electorales aclaren dudas surgidas con la impugnación de la candidatura de Lula por Alckmin, y la de éste por el presidente, antes de que el electorado se pronuncie.
Pero también a que la confrontación se agudice y separe aún más a un país que demostró estar profundamente dividido en función de la renta y educación de sus habitantes, y geográficamente.
Se desconoce hasta qué punto ha influido en el electorado la ausencia de Lula del debate celebrado el pasado jueves en televisión y que debía enfrentar a los cuatro principales candidatos.
Tampoco se puede medir el impacto del escándalo sobre el dossier, o la divulgación la víspera de las elecciones de unas fotos con el dinero que destinado previsiblemente a la compra de esos documentos.
Sea cual fuese la motivación de los electores, el resultado abre un periodo de suspense e incertidumbre, y, sobre todo, cuatro semanas de guerra abierta en la que Alckmin intentará, con uñas y dientes, arrebatar a Lula el poder.
Las encuestas dieron, hasta ahora, a Lula como ganador si se enfrentaba en una segunda vuelta a Alckmin, pero nadie duda de que la oposición atacará al presidente en su punto más débil: los escándalos de corrupción.
Lula espera que la campaña para la segunda vuelta se caracterice por el "debate de ideas y programas", que casi no ha existido en la campaña electoral, según declaraciones del ministro de Relaciones Institucionales de Brasil, Tarso Genro.
Muchos analistas han criticado precisamente la falta de un debate de fondo sobre asuntos como la manera de conciliar la estabilidad económica y la necesidad de un mayor crecimiento con las enormes demandas sociales, en áreas como salud o educación.
Según Helio Jaguaribe, un respetado sociólogo fundador del Instituto Brasileño de Economía, Sociología y Política (IBESP), la campaña fue "deplorable", por que no se han visto "proyectos, ni ideas".
Jaguaribe declaró en vísperas de las elecciones que no hay "un solo proyecto que pueda presentarse como representativo de las necesidades nacionales".
Según el sociólogo Emir Sader, uno de los fundadores del Foro Social Mundial y director del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad del estado de Río de Janeiro, puede haber un agravamiento de los conflictos y de las denuncias en las próximas semanas.
Eso hará que "la victoria electoral de Lula (en la segunda vuelta) no sea tan segura y, si gana, va a ganar con semanas de enfrentamientos muy violentos".
Sader coincidía con otros analistas en que "hay una crisis institucional posible en el horizonte", que puede llevar a un debilitamiento de los partidos y de alguna manera del mismo Congreso.
Una victoria en la primera vuelta habría dado a Lula "más legitimidad, y más prestigio", dijo Sader, quien estimó que la segunda hace "más imprevisible" las consecuencias de esa crisis institucional.