CIUDAD DEL VATICANO, oct. 26, 2006.- El Papa Benedicto XVI pidió este jueves, durante la presentación de credenciales del nuevo embajador belga, que los países de destino de inmigrantes realicen una política de integración y cultiven el diálogo con las nuevas comunidades para evitar el nacionalismo exacerbado y la xenofobia. "Es necesario poner en marcha una política de inmigración que sepa conciliar los intereses de cada país de acogida y el necesario desarrollo de los países menos favorecidos", explicó el Papa.
Según el Pontífice, esta política tiene que estar "sostenida por una voluntad de integración que no deje espacio a que se produzcan situaciones de rechazo o de no derecho como ocurre con los indocumentados".
Benedicto XVI agregó que ante la multiplicación sobre el mismo suelo de comunidades diferentes por su cultura de origen o su religión se "hace absolutamente necesario el diálogo" para "profundizar el conocimiento mutuo, respetando las convicciones religiosas de cada uno y las exigencias legítimas de la vida social, conforme a las leyes corrientes".
Según el Pontífice, se evitará así "los riesgos de un nacionalismo exacerbado o de xenofobia".
En otro pasaje del discurso al nuevo embajador belga, Franck De Coninck, el Papa instó a la comunidad internacional y a la Unión Europea a que "se movilicen con determinación a favor de la paz, a favor del diálogo entre las naciones y a favor del desarrollo".
En su mensaje, el Papa volvió a manifestarse en contra de la eutanasia y ciertas formas de investigación científica, recordando que existe "una frontera moral invisible delante de la cual el progreso técnico debe inclinarse: la dignidad del hombre".
Por otra parte, Benedicto XVI defendió el uso de las curas paliativas que "permiten a los que lo desean de morir en la dignidad.