BAGDAD, Irak, dic. 16, 2006.- El ejército iraquí “abrió sus puertas” a todos los antiguos miembros del ejército de Saddam Hussein, dijo este sábado el primer ministro en una conferencia internacional de reconciliación boicoteada por uno de sus principales aliados chiítas, un importante grupo sunita u la posición iraquí en el exilio. Pese a las gestiones del primer ministro Nouri Al Maliki para tender puentes con la comunidad sunita y algunos antiguos miembros del proscrito Partido Baath de Saddam, la reunión quedó opacado por la creciente violencia sectaria y las divisiones políticas.
El clérigo islamista Muqtada Al-Sadr, uno de los principales aliados políticos de al-Maliki, se negó a acudir al encuentro, al igual que un importante grupo sunita y el ex primer ministro Ayad Allaui, un chiíta secular.
Por otra parte, los militares estadounidenses allanaron el barrio chiíta de Ciudad Sadr --un reducto del Ejército del Majdí culpado por algunos de los peores episodios de violencia contra los sunitas -- y detuvo a seis sospechosos. El allanamiento y un bombardeo dejaron un guerrillero muerto y otro herido.
"Creemos firmemente que la reconciliación nacional es la única garantía hacia la seguridad, estabilidad y prosperidad. La alternativa, Dios no lo quiera, es muerte y destrucción y la pérdida de Irak", dijo Al-Maliki, cuya tenencia en el cargo ha sido definida por el aumento de la violencia sectaria y la imposibilidad de terminar con la insurgencia, mejorar los servicios y reducir los elevados niveles de delincuencia y desempleo.
Algunos miembros del Partido Baath que no están ligados a la insurgencia sunita, así como ex oficiales y mandos del ejército, figuraron entre los asistentes, dijeron los organizadores.
Al-Maliki se dirigió especialmente a los oficiales y soldados que perdieron sus puestos tras la invasión encabezada por Estados Unidos que derrocó a Saddam hace casi cuatro años.
Impuso pocas condiciones para que vuelvan a incorporarse a las fuerzas armadas y de seguridad, y advirtió solamente que los que sirvan en el nuevo ejército deberán ser leales al país y deberán comportarse con profesionalismo.
Agregó que el tamaño de las fuerzas armadas quizá limite el número de los readmitidos, aunque los rechazados recibirán pensiones.