RÍO DE JANEIRO, Brasil, dic. 28, 2006.- Una serie de ataques a autobuses y puestos de policía, atribuida a narcotraficantes y que dejó al menos 18 muertos, puso en alerta a las autoridades de Río de Janeiro apenas a tres días de la fiesta de fin de año "Réveillon", que puede reunir a dos millones de personas en la playa de Copacabana. Un total de 12 ataques coordinados a autobuses y policías en la madrugada del jueves dejaron 18 muertos, entre ellos nueve civiles, dos policías y siete presuntos delincuentes, y 22 heridos, entre ellos 8 policías y 14 civiles, según un balance de la secretaría regional de Seguridad Pública.
En el hecho más grave, siete pasajeros de un autobús murieron carbonizados luego de que una banda de pistoleros los asaltara y le prendiera fuego al vehículo, que se dirigía hacia el estado de Sao Paulo con 28 ocupantes.
En la reacción, la policía dio muerte a siete de los atacantes, arrestó a tres supuestos autores del ataque al autobús y ocupó 12 favelas.
Las autoridades se contradijeron al explicar los ataques, ya que para algunas fue una reacción de los narcotraficantes a la expansión de los grupos paramilitares que los vienen combatiendo en las favelas, y para otras, una ofensiva contra el Estado por la represión al tráfico de drogas y el posible endurecimiento del régimen disciplinario en las prisiones.
Los hechos ocurrieron apenas un día después de que el gobierno regional de Río de Janeiro anunciara las medidas especiales que puso en marcha para garantizar la seguridad de los miles de turistas que han comenzado a llegar a la ciudad para la fiesta de Réveillon, como se conoce en Brasil la despedida del año.
Las autoridades calculan que al menos dos millones de personas, entre ellos unos 593 mil turistas extranjeros y brasileños, asistirán a la fiesta en la playa de Copacabana, que este año será animada por una quema de fuegos artificiales que durará 16 minutos.
En la vecina playa de Ipanema al menos otro medio millón de personas asistirá a una fiesta animada por la banda estadounidense Black Eyed Peas.
El alcalde de Río de Janeiro, César Maia, se apresuró a asegurar que la presencia policial será reforzada para el Réveillon y que los ataques de este jueves no deben preocupar a los turistas.
Pese a las garantías, el presidente de la Asociación Brasileña de la Industria Hotelera, Alfredo Lopes, dijo que la violencia agrava aún más la situación provocada por el caos aéreo que vivió Brasil en los últimos días con la cancelación y atrasos de vuelos.
Lopes aseguró que un cinco por ciento de las reservas internacionales ya habían sido canceladas por el caos aéreo y que, aunque no cree en cancelaciones de última hora por causa de la violencia debido a que los viajes ya fueron pagados, sí puede esperarse una reducción del flujo de turistas para las próximas semanas.
"Es lamentable que estos ataques ocurran a pocos días de la principal fiesta de la ciudad después del Carnaval y a unos 60 días del propio Carnaval", afirmó Lopes.
Los ataques de este jueves en Río de Janeiro son similares a los perpetrados en mayo pasado en Sao Paulo por grupos criminales que protestaron por el traslado de sus líderes a cárceles de seguridad máxima. La ofensiva criminal en Sao Paulo contra autobuses, bancos y puestos policiales dejó entonces 133 víctimas.
El secretario de Seguridad Pública de Río de Janeiro, Roberto Precioso, dijo que la ofensiva también fue ordenada desde las prisiones por los jefes de las bandas de narcotraficantes y en una reacción a las acciones de la policía contra el tráfico de drogas y a la posibilidad de que sea adoptado un nuevo y más severo régimen disciplinario en las prisiones.
Por su parte, el secretario de Administración Penitenciaria, Asterio Pereira, afirmó que la ofensiva fue una reacción del narcotráfico al surgimiento y la expansión de grupos paramilitares, que ya han despojado a los vendedores de drogas de unas 80 favelas.
Tales grupos, conocidos como milicias, supuestamente son integrados por policías y se han propuesto acabar con el poder de los narcotraficantes en las favelas.
En carteles arrojados a la calle, los atacantes acusaron a la gobernadora de Río de Janeiro, Rosinha Garotinho, de incentivar la creación de los grupos paramilitares.