Los policías permanecen en las calles de la ciudad brasileña.
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Temor en Río de Janeiro



por: Agencia
Fuente: EFE




Río de Janeiro luce semivacías ante el temor de nueva ola de violencia, luego de los ataques contra puestos de policías y autobuses que dejaron 18 muertos



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RÍO DE JANEIRO, Brasil, dic. 29, 2006.- Río de Janeiro vivió este viernes una madrugada de miedo, con pocas personas circulando, muchos policías en la calle y algunos tiroteos sin víctimas, tras la ofensiva criminal de la víspera que dejó 18 muertos.

El temor de nuevos ataques a autobuses, como en el que murieron siete pasajeros carbonizados el jueves, llevó a las empresas de transporte a retirar sus vehículos en la madrugada de este viernes y dejó a cientos de personas sin medios para regresar a casa.

El miedo a una nueva ofensiva criminal se reflejó en las calles, con pocas personas circulando en la noche, y hasta en los bares del turístico barrio de Copacabana, que cerraron sus puertas más temprano pese a los miles de turistas que ya han llegado a la ciudad para la multitudinaria fiesta programada para despedir el año.

La gran preocupación era que los ataques contra autobuses y puestos policiales promovidos por las bandas de narcotraficantes prosiguieran por varias madrugadas consecutivas como ocurrió en Sao Paulo en mayo pasado en una ofensiva similar que paralizó a la mayor ciudad del país.

En los cerca de quince ataques registrados en la madrugada del jueves, 18 personas murieron, entre ellas siete pasajeros de un autobús, dos policías, dos transeúntes y siete supuestos delincuentes, en tanto que otras 25 sufrieron heridas, 13 de las cuales continuaban hospitalizadas este viernes.

Además de los tiroteos a seis comisarías y dos puestos policiales, los pistoleros quemaron once autobuses.

Pese a los temores a una nueva ofensiva violenta, las autoridades tan sólo registraron algunos hechos aislados en la madrugada del viernes.

Según un boletín oficial, además del incendio de un autobús en Pendotiba, un suburbio de Río de Janeiro, en la madrugada se registraron tiroteos sin víctimas en la Linha Vermelha (Roja) y en la Linha Amarela (Amarilla), dos importantes vías expresas.

El tránsito en la Linha Vermelha fue interrumpido por cerca de veinte minutos debido a un intercambio de disparos entre pistoleros y policías, que acudieron masivamente al lugar del conflicto en cerca de 50 vehículos.

En Duque de Caxias, otro suburbio de Río de Janeiro, dos hombres que transitaban en una moto hicieron varios disparos contra el Centro Cultural Oscar Niemeyer. Los pistoleros fueron perseguidos por policías que estaban alerta pero consiguieron huir.

Tras la tensa calma de la madrugada, los autobuses volvieron a circular normalmente en la mañana de este viernes y la ciudad aparentemente recuperó la tranquilidad.

Para ello contribuyó la fuerte presencia policial en toda Río de Janeiro, ya prevista como medida preventiva para garantizar la seguridad en los días previos a las tradicionales fiestas de fin de año, que podrán reunir a cerca de dos millones de personas en la playa de Copacabana y a otro medio millón en la de Ipanema.

Además de haber ocupado diez favelas desde donde se sospecha que partieron los atacantes, las policías militar y civil de Río de Janeiro pusieron en la calle 20 mil 734 agentes.

El secretario de Administración Penitenciaria, Asterio Pereira, aseguró hoy que los ataques no se repetirán debido a que las informaciones que obtuvieron los servicios de inteligencia de la policía antes de la ofensiva criminal indicaban que la misma se limitaría al 28 de diciembre.

Pereira reconoció que los ataques fueron ordenados desde las prisiones por los jefes de las bandas de narcotraficantes que actúan en la ciudad como reacción a la expansión de las "milicias", grupos paramilitares integrados por policías, que vienen expulsando a los vendedores de drogas de las favelas.

"Vamos a reforzar la vigilancia en las cárceles e impedir que salga cualquier tipo de orden dentro de los presidios", aseguró el jefe de la Policía Civil, comisario Ricardo Hallak.

El secretario de Seguridad Pública de Río de Janeiro, Roberto Precioso, negó que la ofensiva fuese una reacción a las "milicias" y afirmó que se trató de una respuesta a las acciones de la policía contra el tráfico de drogas y a la posibilidad de que sea adoptado un nuevo y más severo régimen disciplinario en las prisiones.



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