TEHERÁN, Irán, ene. 2, 2007.- El presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, desdeñó las sanciones del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Uunidas (ONU), a Irán, y afirmó que Teherán ya ha humillado a Washington en el pasado y que volverá a hacerlo. En un discurso ante una multitud en la capital provincial de Ahvaz, en el suroeste del país, Ahmadinejad dijo que la resolución del Consejo de Seguridad emitida el 23 de diciembre es inválida y destrozó la reputación del organismo mundial.
El mandatario no hizo referencia a una serie de atentados en Ahvaz, que se cree se derivan de la tensión entre la comunidad de lengua árabe en la ciudad y las autoridades, que hablan farsi.
Ahmadinejad tampoco se refirió a los resultados de las elecciones locales de Irán el 15 de diciembre, en las que sus aliados políticos sufrieron una fuerte derrota.
El Consejo de Seguridad votó en forma unánime para prohibirle a todos los países venderle a Irán materiales y tecnología que pudieran contribuir a su programa nuclear y de misiles. También congeló los activos de 10 compañías iraníes y de 12 individuos relacionados con esos programas.
“Que el mundo sepa que, desde el punto de vista de la nación iraní, esta resolución es inválida", afirmó Ahmadinejad.
Dijo que Estados Unidos es la principal potencia detrás de la resolución, y lanzó una advertencia a Washington: "Quiero que sepan que la nación iraní los ha humillado muchas veces, y los humillará en el futuro".
Estados Unidos ha encabezado la iniciativa para obligar a Irán a suspender el enriquecimiento de uranio, un proceso que produce material útil para reactores nucleares o para fabricar bombas atómicas. Irán niega estar buscando desarrollar estas últimas, y argumenta que su programa nuclear se limita a la generación de electricidad.
Ahmadinejad dijo que las sanciones no son importantes, pero forman parte de una campaña de armas psicológicas contra Irán diseñada para generar disconformidad dentro del país.
"Ustedes no son nadie", dijo a las potencias occidentales. Recordando el apoyo de Occidente a Irak, en ese entonces gobernado por Saddam Hussein, durante su guerra de ocho años con Teherán en la década de 1980, señaló: "Si todas las potencias que apoyaron a Saddam en su guerra contra Irán se reagruparan y enfrentaran de nuevo a Irán, los iraníes les darían una bofetada histórica en el rostro".