WASHINGTON, Estados Unidos, mayo 8, 2007.- La Casa Blanca reafirmó hoy su respaldo al presidente del Banco Mundial, Paul D. Wolfowitz, mientras su permanencia en el cargo parece debilitarse tras una indagación que determinó que violó las normas y el código de ética de la entidad. "Nosotros apoyamos todavía al presidente Wolfowitz", dijo el vocero presidencial, Tony Snow, quien rehusó responder a los reportes de prensa sobre negociaciones tendientes a facilitar la salida del ex subsecretario de Defensa.
De acuerdo con el periódico The New York Times, los miembros europeos del Banco Mundial habrían ofrecido a Estados Unidos que nombre al próximo presidente de la institución a cambio de que acepte la salida de Wolfowitz.
Al citar fuentes de la cúpula directiva del banco, el diario reveló que este martes un grupo especial presentaría las conclusiones de su investigación sobre el caso, que encontró a Wolfowitz culpable de violar las normas y el código ético de la entidad.
Sin precisar su naturaleza, Snow calificó las conversaciones al respecto como internas y rechazó que el gobierno estadunidense esté involucrado.
"Que yo sepa, el presidente (George W. Bush) no está involucrándose directa, personalmente. Puedo verificar, pero no creo que exista alguna participación presidencial directa aquí", dijo al ser consultado por reporteros sobre el asunto.
La revelación sobre las conclusiones de la investigación llevada a cabo por un grupo especial designado por la Junta de Gobierno del banco, se produjo horas después de que uno de los más cercanos colaboradores de Wolfowitz anunció su retiro de la institución.
Kevin Kellems, quien trabajó con Wolfowitz desde 2002 cuando éste era subsecretario de Defensa, indicó que "dado el actual clima alrededor del liderazgo del Banco Mundial, resulta bastante difícil ser efectivo".
La controversia en torno a Wolfowitz derivó de la revelación de su involucramiento en gestiones para promover y aumentar el sueldo de Shaha Riza, con quien el funcionario ha estado involucrado sentimentalmente.
La mujer había sido la empleada de comunicaciones de mayor rango del Banco Mundial en la sección de Medio Oriente y tras el ingreso de Wolfowitz, a fin de evitar conflictos de intereses, fue trasladada al Departamento de Estado, pero continuaba en la nómina de la entidad.