APARECIDA, Brasil, mayo 12, 2007.- El Papa Benedicto XVI aseguró que los latinoamericanos tienen una "gran sed de Dios" y les pidió formarse solidamente en la espiritualidad para contribuir a la construcción de una sociedad más justa y más humana. Al dirigir un mensaje luego de rezar el rosario en el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de esta ciudad junto a sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, el líder católico agradeció también la hospitalidad del pueblo brasileño.
"¡Cómo es bello estar aquí en esta basílica mariana hacia la cual, en este tiempo, convergen las miradas y las esperanzas del mundo cristiano, en modo especial de Latinoamérica y el Caribe, estoy feliz de estar aquí en medio de ustedes, el Papa les ama!", aseguró.
Poco después de las 18:00 horas (21:00 GMT) el Pontífice ingresó al templo mientras en el exterior miles de peregrinos seguían de cerca o a través de pantallas gigantes su paso a bordo del "papamóvil".
En el recinto lo esperaban 35 mil personas y además de los consagrados también estuvieron representantes de laicos y familias de Brasil durante el rezo del rosario se reflexionaron los misterios gloriosos acompañados por textos bíblicos.
En el discurso el pontífice reconoció las "múltiples" circunstancias que hacen difícil la fidelidad al orden sagrado de los sacerdotes o de quienes entregan completamente su vida a Dios.
"Cuántos retos, cuantas situaciones difíciles afrontadas, cuánta generosidad, cuánta abnegación, sacrificios y renuncias", ponderó.
Afirmó tener en su corazón la fidelidad en el ejercicio del ministerio y la vida de oración, la búsqueda de la santidad, la entrega de las energías por la promoción de la justicia, la fraternidad y la solidaridad.
"El testimonio de un sacerdocio bien vivido mueve a la Iglesia, suscita admiración en los fieles, es fuente de bendición para la comunidad y la mejor promoción vocacional, la más auténtica invitación incluso para otros jóvenes".
De los seminaristas y diáconos reconoció su jovialidad, entusiasmo, idealismo y el coraje para afrontar "con audacia" los nuevos retos, características las cuales dijo, renuevan al pueblo de Dios, lo vuelven más dinámico y llevan a las comunidades a crecer.
"El Papa desea decirles a todos: ¡La Iglesia es nuestra casa, Esta es nuestra casa. Por ello vine a confesar con ustedes: vale la pena ser fieles, vale la pena perseverar en la propia fe!", concluyó.
Con esta ceremonia el Papa cerró las actividades de este sábado, la cuarta jornada de su primer visita apostólica a tierras brasileñas que continuará este domingo con una misa multitudinaria en la que se prevé asistirán más de un millón de personas.