Elefantes en peligro de extinción
 
 
por: Agencia
Fuente: AP
 
Cazadores centroafricanos matan a los elefantes para vender su carne, que es considerada una delicia
 
NAIROBI, Kenia, sep. 14, 2007.- Los mercados de la República Centroafricana ofrecen todas las delicias gastronómicas de la selva, incluyendo mono, chimpancé, antílope y, si el comprador tiene el dinero suficiente, hasta elefante.

Los cazadores matan a los paquidermos y les cortan los colmillos para llevarse el marfil. Después, sobre parrillas con fuego alimentado a leña, cocinan la carne durante un día calcinando el exterior para preservarla durante el viaje hasta la ciudad. La carne de elefante es considerada una delicia y hay cada vez mayor demanda.

La mayoría supone que la demanda internacional de marfil es la mayor amenaza para los elefantes. Pero los elefantes del bosque -quizás los más amenazados en el mundo- son cazados no sólo por sus colmillos sino también por su carne.

"Estos elefantes son cazados mucho más que los del este y el sur del África", dijo Karl Amman, fotógrafo de la vida silvestre e investigador del comercio ilegal de animales. "Estoy convencido de que la caza furtiva de elefantes del bosque en la región centroafricana es por la carne, y que el marfil se ha convertido en producto secundario".

En los mercados de Bangui, el marfil rinde al cazador ilegal unos 13,60 dólares la libra. La carne ahumada de elefante se vende a 5,45 dólares la libra, considerablemente más que cualquier otro tipo de carne, incluyendo vaca o cerdo.

Un elefante del bosque típico, que pesa de dos mil 250 a dos mil 700 kilogramos (cinco mil a seis mil libras) y produce 450 kilos (mil libras) de carne comestible, puede rendir al cazador ilegal hasta 180 dólares por el marfil y hasta seis mil dólares por la carne. El ingreso promedio para un africano en la cuenca del Congo es de aproximadamente un dólar diario.

Los moradores del bosque viven sumidos en tal pobreza que no tienen tiempo de pensar en la conservación animal, dijo Andrea Turkalo, investigadora de la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre (Wildlife Conservation Society) que trabaja en el Parque Nacional Dzangha-Sangha.

"Este país no puede operar sus dispensarios, no puede educar a sus hijos, ¿cómo se puede esperar que piense en la conservación?", preguntó. "Creo que la gente sigue matando por el marfil, pero ha habido un giro hacia el comercio de la carne debido a la demografía humana. Aquí hay mucha más gente".

Gabriel Mabele, jefe de la aldea de Mosapula, dijo que la creación del Parque Nacional Dzangha-Sangha y la prohibición de cazar elefantes significa que su gente tiene menos carne para comer, pero agregó que la gente sigue con ganas de comer elefante.

"No se lo puede poner abiertamente en el mercado, hay que hacerlo en secreto", dijo. "Pero la caza continúa".

Omer Kokamenko, un guardia forestal en el parque, agregó que la caza del elefante se ha volcado ahora hacia la carne.

"Cuando alguien mata a un elefante cuyos colmillos no pesan más de 500 gramos (una libra), no es por los colmillos, sino especialmente por la carne", dijo Kokamenko, que vive en lo profundo de la selva. "Fuera de esta región (en la ciudad), la carne de elefante es cara".

Los elefantes del bosque son diferentes de sus congéneres que viven en las sabanas del este y el sur del África, donde la mayoría es protegida por los guardias forestales. Los elefantes del bosque son más pequeños y más oscuros, sus colmillos menos curvos y sus orejas más ovaladas.

Habitan desde Guinea hasta Uganda, pero se concentran sobre todo en la cuenca del Congo, donde abundan la guerra y la pobreza.

Poco se conoce sobre estos elefantes porque viven en pequeños grupos dentro de la selva húmeda. En 1989, los biólogos de la vida silvestre calcularon que en la cuenca del Congo había 172 mil de ellos.

Desde entonces no ha habido estudios amplios, pero un estudio de seis áreas de elefantes de la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre en parques nacionales, difundido en abril, halló que "una combinación de matanzas ilegales y otras perturbaciones humanas ha tenido un profundo impacto en la abundancia y distribución de los elefantes del bosque".

La Convención sobre Comercio Internacional de Especies en Peligro de Extinción prohibió el comercio de marfil en 1989, pero algunas naciones africanas recibieron permiso para vender marfil en 1999. Otra venta fue autorizada en el 2002.

Amman dijo que la atención exclusiva sobre el comercio del marfil desatiende la cuestión mayor de la venta de la carne de elefante. Amman, junto con un periodista de la Associated Press, pudo documentar cómo la carne de animales silvestres, incluyendo elefante, se vende en la frontera entre la República Centroafricana y el Congo.

Funcionarios gubernamentales en ambas partes cobran impuestos sobre ese comercio, aunque es ilegal según el derecho internacional. Los recaudadores de impuestos y otros altos funcionarios se negaron a responder preguntas sobre ese comercio o sobre el sistema impositivo.

Mientras los gobiernos no actúen, la población de los elefantes seguirá en peligro, advirtió Amman.

Desire Loa, ex guardia forestal que se convirtió en cazador ilegal, dijo que el comercio es tan lucrativo que funcionarios del gobierno están detrás de la mayoría de esa caza, para lo cual contratan pigmeos a quienes les dan fusiles para matar los elefantes.

"Puede que me declaren culpable hoy. Me esposarán y me llevarán a la cárcel en la ciudad", dijo Loa. "El fiscal me dirá 'esta noche la pasarás aquí'. Pero después me devolverá mis armas y me dirá que vuelva a trabajar".

 
La carne ahumada de elefante se vende a 5.45 dólares la libra.
La carne ahumada de elefante se vende a 5.45 dólares la libra.
Foto: AP
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