El sueño mexicano... regreso de un paisano



por: Guillermo López Portillo
Fuente: Noticieros Televisa




'El pistache' regresa a México después de librar muchos obstáculos, uno de los 600 mil paisanos que vienen este fin de año al país procedentes de EU






CIUDAD DE MÉXICO, México, dic. 20, 2004.- Tiene prisa por llegar. En ocho años sólo ha estado con su familia tres meses y no conoce a su hija menor.

“Voy a conocer una niña que nació y no la he conocido todavía”, dijo Alberto Acosta.

Ha viajado más de 26 horas desde Chicago, Illinois, hasta la frontera de Nuevo Laredo, su destino: Loma de Flores, cerca de Irapuato, Guanajuato.

“Traigo un disco bueno, que es el que me daba ánimo cuando estaba en Chicago, cuando llegue a mi rancho lo voy a prender”, comentó Alberto Acosta.

Para Acosta conocido por sus amigos como “El pistache”, la bienvenida a México no es agradable, legalizar su camioneta se convierte en un trámite largo y tortuoso en la Aduana de Nuevo Laredo.

“Aquí ya llevamos dos días”, indicó “El pistache”.

REPORTERO: ¿Dos días para legalizar tu camioneta?

“Sí, pero aquí no se cómo reciban a la gente, aquí se ve el desorden, viene uno sin bañarse y viene cansado también”, respondió.

Hay unas 300 camionetas en espera en un patio aislado de la aduana, los paisanos desesperan, sin servicios como comida, agua, sanitarios o teléfonos públicos.

Por fin, el trámite se cumple y las puertas de México se abren para “El pistache”, indocumentado, al igual que los pasajeros de cinco camionetas procedentes de Chicago, todos anhelan pasar la temporada de fin de año con sus familiares.

“Está peligrosa esa carretera, roban mucho en esa carretera, porque de ida y de venida, rumbo a Celaya y Comonfort”, indica Acosta.

REPORTERO: ¿Nadie trae un mapa?

“No, pues no hay mapa”, señala Alberto.

Sin mapas, pero con rumbo hacia el estado de Guanajuato, la caravana se interna en territorio mexicano.

“El pistache” prefiere ignorar el agotamiento de dos mil kilómetros recorridos y las fallas que le dio el alternador de su camioneta en el lado americano.

“Siento que te quiere ganar el sueño por la noche, luego, vienes a una velocidad muy recia”, comenta “El pistache”.

Alberto es uno de los más de 600 mil paisanos que visitan este fin de año México, procedentes de los Estados Unidos.

Los paisanos viajan en grupo, equipados con radios se protegen de sus temores.

A los visitantes les preocupa el deterioro de las carreteras de México y la posibilidad de ser asaltados.

Mientras desayunan a la orilla de la carretera, en el desierto potosino, Alberto y sus compañeros, recuerdan la entrada a los Estados Unidos, como indocumentados.

“El frío estaba muy fuerte y entre la arena metíamos los pies, ya no podíamos”, comentó una mujer.

“Íbamos 82 gentes, de todos, yo les decía no dejen a ese coyote y era el último que quedaba hasta mero atrás yo, el último de todos los 82, porque yo ya no podía caminar, no podía doblar las rodillas, por Aguaprieta, por Aguaprieta”, cuenta “El pistache”.

El recorrido por mil kilómetros de autopista y carreteras en territorio mexicano transcurre sin incidentes.

Cuántas veces Alberto soñó con este momento, no el sueño americano, sino el sueño mexicano: entrar en su camioneta, cargada de regalos, a Loma de Flores, Guanajuato.

“Parece que me adornaron para llegar la calle... México, México, cuando de ti, yo me alejé, sólo Dios vio que lloré, si ahora lloró, es de alegría, mexicano, aquí y en donde sea”, dijo “El pistache”.

Después de más de 80 horas de camino, de penurias, de incertidumbre, Alberto se encuentra nuevamente aquí, en compañía de sus hijos y se su esposa.

“Papá, papá, cuando me fui se quedó embarazada ella, mira, te traje llaves... desde hace mucho tiempo me estaban pidiendo que me viniera... pero no se pudieron las cosas”, expresó Alberto, “El pistache”.

El matrimonio agradece por estar juntos.

“Yo me sentí muy mal, porque yo me sentí sola y triste porque no estaba conmigo, más cuando nació la niña, me hacía falta el apoyo de él, el cariño de él”, dijo Aurelia, esposa de Alberto.

“Me siento triste y preocupada, porque me deja una gran responsabilidad con los niños, ya están creciendo y una de mamá, ya no puede con ellos”, comentó Aurelia, esposa de Alberto.

A pesar de que los ruegos de su esposa para que no se vaya, “El pistache” piensa regresar a Chicago en unos meses, sólo así podrá terminar su casa y sufragar las necesidades de tres hijos.

Sólo lo tranquiliza haber dejado mil 600 dólares en Chicago para el coyote del próximo año.


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