TARIMBARO, México, dic. 21, 2004.- Evelio salió a las cuatro de la tarde de Wasco, California. Manejó 18 horas sin descansar hasta la ciudad fronteriza de Juárez, en Chihuahua, donde pasó la aduana sin contratiempos. Evelio Acosta tenía tres años sin pisar territorio mexicano; venía acompañado de la esposa de su hermano, su tía Ruperta y cinco sobrinos.
A las diez de la mañana, Evelio siguió su camino rumbo a Tarimbaro, Michoacán.
Atravesó Ciudad Juárez, tomó la carretera a Chihuahua, pasó sin problemas la garita del kilómetro 30 y realizó su primera parada para desayunar.
REPORTERO: ¿Y qué es lo que extraña más de México?
“No pues la comida, no pues la comida y la familia también pues”, dijo.
En su camioneta, modelo 2000, llantas anchas, rines cromados, el paisano de Michoacán siguió su largo recorrido.
En Chihuahua, cargó gasolina y volvió a tomar el volante para seguir devorando kilómetros de carretera a 140 o 150 kilómetros por hora.
La siguiente parada fue en la caseta de Durango, a las nueve de la noche, para que los niños pasaran al baño.
REPORTERO: ¿Qué pasó jefe, cómo esta?
“Cansadito, ya venimos cansados, acá el maestro también ya viene bien”, comentó.
REPORTERO: Oiga pues si maneja rápido.
“No y eso que todavía no me agarran los nervios”, expresó Evelio.
Sin perdida de tiempo, Evelio siguió pisando el acelerador, hasta Durango llevaba 30 horas manejando sin dormir y sin descansar.
Finalmente, en Zacatecas, decidió tomar un descanso de sólo tres horas, para seguir adelante.
Después de manejar más de tres mil 700 kilómetros en 44 horas, Evelio Acosta llegó a Tarimbaro, donde fue recibido por su hermana y sus sobrinos.
“Qué pasó, por qué quieres llorar, ¿por qué?, porque ya no me mirabas. No llores, no llores, ¿por qué lloran?, no”, consolaba Evelio a sus familiares.
“Hay es que son tres años que no te miramos”, respondieron.
“Hay no llores pues, y gracias a Dios que llegamos con bien”, dijo el paisano que residen en California.
“Yo los quiero mucho, mucho a los tres hermanos, pero más, más a este (Evelio)”, comentó Gabriela Acosta Silva, hermana de Evelio.
REPORTERO: ¿Por qué?
“Porque él, él ahorita, me esta sirviendo de padre y madre y como hermano porque él nos ha apoyado, él me ha apoyado en todo lo que yo he necesitado”, agregó la hermana de Evelio.
Tarimbaro es una población de mujeres solas, porque la inmensa mayoría de los hombres, como Evelio, se va a trabajar a Estados Unidos.
“Las mujeres, que a veces muchas veces tienen que hacer la función de padre y madre y de hombre y de peón en las casas”, expresó Roberto Gaona, director de Asuntos Agropecuarios de Tarimbaro, Michoacán.
“El problema es, el principal es de que aquí uno como trabajador en el campo no hay futuro para uno”, indicó el michoacano.
Evelio asegura que vale la pena realizar este gran esfuerzo para venir a Tarimbaro a estar con su familia y eso lo llena de emoción, pero también sabe que tiene que regresar a California, a pesar del dolor que eso le causa, cada vez que llega el momento de partir.
“Porque es bonito estar aquí en su tierra que lo vio nacer”, reconoce Acosta Silva.