CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 30, 2005.- Nadie como Eduardo del Río, mejor conocido como Rius, para captar el acontecer y plasmarlo, siempre con un dejo de simplismo e ironía, de ingenio y crítica. Nació en Zamora, Michoacán en 1934. El dibujo fue compañero, refugio y testigo de su talento, ese que explotó donde pocos lo imaginan, en una funeraria, la más famosa de México, donde trabajaba.
Tenía apenas 20 años y como muchos otros grandes, recibió de la prensa escrita su primera oportunidad, precisamente con el arte, que algunos llaman reto y otros oficio: llenar la hoja en blanco, él con retratos gráficos y literarios.
Para a su estilo, colarse en las conciencias, tirar barreras y sin miedos, ni deudas, entregar el mensaje, el mismo que ha llevado por más de 120 libros a través de historietas.
Eduardo del Río, ya convertido en Rius, se ha dado el lujo de tratar el ateísmo en un país católico, o porque "La panza es primero", también habló del "Amor en los tiempos del Sida", emulando siempre a la realidad, como "Un receta-rius”, “Para principiantes".
Hizo gala con los Agachados de Rius y el manual para acabar con el país sin ayuda extranjera con todo y sus “supermachos”.
Sin duda la vida ha cambiado mucho en estas siete décadas, mucho más allá de Osama Tio Sam; 70 años en los que sobran los premios, pero él se consagró, como maestro.
De la caricatura mexicana, irreverente, creativo, sarcástico, siempre fiel al arte que hace del reto, oficio.