CIUDAD DEL VATICANO, abr. 14, 2005.- Devoto de la Virgen de Guadalupe, Arturo Mari fue sin duda una de las personas más cercanas a Juan Pablo II durante veintisiete años. Mari, fotógrafo oficial del Vaticano, trabajó hombro con hombro con el Papa desde el inicio de su Pontificado hasta el último suspiro de su vida. “Han sido cerca de veintisiete años de vida en común. Esto para mí no es un momento fácil, un momento muy fuerte. Para mí esto ha sido como si se hubiera muerto mi propio padre, mencionai.
Nos recibió en su oficina, lugar de recuerdos, de su trabajo profesional realizado desde 1956. Ha sido fotógrafo de cinco papas, pero sin duda, ninguno como Juan Pablo II, quien, nos dijo, murió en silencio, sufriendo por dentro, con humildad. Así lo vivió personalmente en las últimas horas:
“Don Stanislao le dijo al Santo Padre en polaco y lo tradujo al italiano: "Santo Padre, Arturo está aquí"... Él volteó su cabeza y abrió sus ojos que hasta en esos momentos eran rosas y me dijo ‘Arturo’... Yo sentía que todo se me desvanecía. Lo besé, me acarició y luego me tocó la cara para bendecirme. Dentro de mí sentí una fuerza para retenerlo. Un momento muy importante. Y una vez más, viéndome, me dijo ‘gracias, gracias’ y su cabeza poco a poco se inclinó hacia un costado”.
Según su fotógrafo, Juan Pablo II a pesar de sus problemas de salud, nunca dejó de cumplir con sus actividades. Lo único que hacía eran cambios en la programación de la agenda. En sus recuerdos, los viajes a México.
“Para el último viaje estaba verdaderamente sufriendo, el fin último para poder ir a ver a ‘la morenita’. Y yo he sido muy afortunado porque tuve la posibilidad, como el Santo Padre, de estar cerca de la Virgen”, dice Arturo Mari.
La foto de la paloma en la ventana de sus oficinas fue una de las últimas en darle la vuelta al mundo. Sin embargo, la última que Arturo Mari le tomó al Papa fue durante la cena del Vía Crusis, aunque él nunca se imaginó que nunca volvería a ver a Juan Pablo II a través de su lente.